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 Diplomatura de Educación Social - 1997 / 1999 - Firehaired

CRÍTICA AL LIBRO BLANCO DE LA EDUCACIÓN

Lo del Libro Blanco sobre la educación y la formación es de juzgado de guardia. ¿Como pueden decir que los objetivos que se contienen en el programa que ponderan son modestos? Solo cumpliéndose un ínfimo tanto por ciento de las ideas que proponen la sociedad recuperaría su cariz humanitario (si es que algún día lo tuvo) y los pueblos emergerían en una comunidad apacible, conciliadora, de apoyo. Los gobiernos, de mutuo acuerdo, concertarían planes de desarrollo social, potenciarían el acceso laboral y compartirían experiencias y proyectos factibles, reales, de resultados palpables. Si realmente lográramos extender este proyecto, difundirlo a nivel europeo, ¿porqué no exportarlo? De este modo, todas las comunidades del mundo podrían disfrutar de ese estado de Nirvana social, y vivirían en armonía económica, pudiendo llegar a crear incluso una gran aldea global, pudiendo compartir experiencias a nivel mundial, esperando la llegada de seres extraterrestres, con los que compartir nuestro gran descubrimiento. Es más, una vez hallada la piedra filosofal de la comunión de los pueblos, habría que reconvertirla en distintos proyectos provechosos para la humanidad. Podríamos encargar a esta comisión la elaboración de un proyecto de Medio Ambiente. Sería genial llegar a unas conclusiones tales que pareciese que lo nuestro con la madre naturaleza tiene arreglo.

En verdad, esto de Europa no tiene arreglo. Nos esforzamos en ser europeos, en traspasar la barrera natural, formada por los Pirineos y años de dictadura, y creer que entraremos en Maastrich los primeros, junto a las grandes potencias económicas del continente. Para conseguirlo, hemos votado recientemente a un partido de derechas, por aquello de que están más acostumbrados a manejar dinero. Hace muy poco, también hemos aceptado una nueva reforma laboral, impulsada por la CEOE (amigos de los anteriores), y que abarata enormemente el despido y crea nuevas razones objetivas para forzar este. Si todo quedará así, el tema no sería preocupante: Spain is different! El quid de la cuestión radica en la diestralización de Europa. Los europeos que votamos, nos estamos volviendo tontos. Toda la vida, el trabajador a votado a los socialistas, a los comunistas (los trabajadores más radicales) o a los centristas (aquellos que tienen algunas aspiraciones personales. No confundir este tipo de agrupación política con el supuesto centro que conforma el Partido Popular, porque como reza el sabio refranero español: del dicho al hecho, hay un trecho). ¿Porqué el pueblo de a pié, el ciudadano de callosidad en mano, ofrece un voto de confianza a los acaudalados políticos de derechas, tras más de un lustro de gobierno socialista? Tanto fervor por Europa me resulta incomprensible. Desde Alfredo Landa no se vivía algo así, aunque en aquellos tiempos el interés por Europa radicaba en aprender un mínimo vocabulario extranjero para relacionarse con nativas de lejanos países que llegaban a España en busca de sol, paella, sangría, toros y especímenes ibéricos. Personalmente dudo que España se sienta europea: nos niegan claras victorias en Eurovisión y en la UEFA. Somos un país que tropieza a remolque, y de eso se aprovechan comisiones como estas. Conocedoras de las ansias hispánicas por reconquistar el viejo continente (desde Felipe V vivimos recluidos), nos endulzan los labios con las mieles de la comunidad. Tras el referéndum socialista de la OTAN, vino el de Europa. Algo de pucherazo hubiese hecho falta por aquel entonces, ya que nos hubiésemos ahorrado muchos muchos disgustos. Si ahora mismo fuésemos un país soberano e independiente, no nos volcarían los camiones de fresas en la frontera y extraditarían a más de un etarra que pulula a sus anchas por ahí. Pero claro, los españoles queríamos ser europeos: que a les petits espagnolites se les vuelca la mercancía internacional en la frontera, ¡pues no pasa nada!. Que se detecta el la piel de toro un pequeño brote de peste porcina, ¡pues se cierra la frontera inmediatamente a cualquier camión de gorrinos! (recuerden repasar el reciente capítulo de EEV inglesa, los tratos de favor y las irregularidades en el control sanitario europeo, por poner solo un ejemplo) España es el país más estúpido de la UE, somos las monjitas de la caridad continentales. A España le toca pagar siempre el pato por más que se desgañite la diplomacia autóctona.

Tras la esta breve exposición de sucesos, ¿alguien se cree que nos irá mucho mejor con estos proyectos educativos y laborales? ¡¡¡Pero si hemos importado un modelo educativo europeo caducado, y lo queremos vender como panacea!!!

Entre la poca influencia que ejerce el gobierno español en Europa, y la desidia con la que actúa la UE ante las problemáticas españolas, este proyecto, en mi opinión poco factible, pierde sus últimos resquicios de efectividad. Si repasamos la cualificación laboral española, y la contrastamos a nivel continental, no nos tendría que sorprender el descubrir un retraso apabullante. El trabajador español no puede equipararse con sus homónimos europeos. Dicho esto, ¿no entramos en una especie de competencia desleal y kamikaze?

De todos modos, aunque lográramos una equiparación de cualificaciones, el proyecto flaquea en tanto en cuanto se refiere a la patronal. Esta no estará dispuesta en ningún momento a reducir su margen de beneficios por realizar una buena obra social. En una sociedad agresiva, violenta, cada vez menos humana, premia el éxito. Aquí lo importante no es participar, sino llegar el primero, y con cuanta más ventaja mejor. De no ser por una intervención gubernamental de presión (improbable si recordamos que quién gobierna es amigo, casi hermano consanguíneo de los que explotan), la situación continuará igual que hasta ahora, eso si tenemos suerte. No está el horno para bollos, y hay mucho panadero suelto. En un mundo en el que prevalece la economía (recordemos que la primera agrupación continental se conformó mediante la Comunidad Económica Europea), los proyectos sociales de inserción socio-laboral tienen cada vez menos futuro.

El tema de la formación laboral y la figura del aprendiz a los que alude el texto se desmoronan por momentos. La proliferación de ETTs dan una ligera idea de la gravedad de la situación, sobre todo si aducimos a tareas meramente mecánicas, que no exijan de una excesiva especialización. Por cuatro duros se explota a un pobre hombre (a las mujeres por dos) y se contribuye a propulsar meteóricamente la economía del país. Cada vez comprendo menos la utilidad de un documento como este. En verdad, si hacemos casos a los rumores transpirenaicos abandonaremos esta descabellada empresa: nuestro amigo Le Pen (Caudillo, Duce y Führer francés) y ciertos personajes británicos auguran una desmembración de la UE. Si Le Pen gana las presidenciales en Francia, olvidémonos de socio francófono. Otro tanto de lo mismo puede pasar en el Reino Unido y otros países de la comunidad. En una actualidad emborrachada de autodeterminación parece mentira que se sostenga esta posibilidad.

En tantos años de convivencia no hemos aprendido a convivir sanamente, a cooperar sinceramente, y estos hábitos no se adquieren de un día para otro. Además de todo esto, hemos empezado a construir Europa por la moneda, y como decía Hegel, la moneda es una abstracción que difícilmente puede movilizar el entusiasmo de los pueblos. Pero nada de esto se tiene demasiado en consideración cuando la Comisión Europea y el FMI sitúan por primera vez a España entre los países de cabeza de la moneda única, es más, según este segundo organismo, todos los países de la Unión Europea excepto Grecia podrán entrar en el euro a partir del 1 de enero de 1999: ¡Afortunados los últimos, porque serán los primeros en el Reino del Sentido Común! (que no mercado).

Si nos referimos al aspecto de la formación, entramos en terreno cenagoso. La formación está reservada a unos cuantos, a los elegidos. Pero que nadie se escandalice por esto, porque si bien es cierto que son muchos los elegidos, más aún son los desamparados. La mano de obra fácil y barata, pues, está asegurada. Cuando me refiero a formación, debería establecer una diferenciación: formación A y formación B.

La formación A es la de los elegidos. Este tipo de enseñanza se adquiere en centros educativos formales, reconocidos, especializados. Obtienen, aquellos que logran acabar una titulación, gran satisfacción que les ayuda en su cruzada contra el desempleo. Muchas veces fracasan..., ¡Los elegidos fracasan! Nada de porvenir asegurado: contratos de tres meses a dos años, situación laboral inadecuada a su formación, trabajos antagónicos a su formación, paro... En la cola del paro se encuentra la juventud europea de la que nos habla el texto. Allí coinciden estos ángeles caídos con los mundanos seres terrestres. Estos comparten su situación, pero su formación es de la clase B. Este tipo de formación se imparte a través de aulas taller o cursillos de formación ocupacional, en el mejor de los casos. Si la marginalidad fuera un eximente estarían todos salvados. Las tareas que aspiran a desarrollar son aquellas que están ocupando los ángeles a puntito de caer, y que realizan con desánimo y desengaño. ¿Curioso, no? Pero eso no es todo. Mientras el librillo albino se esfuerza en alabar proyectos socializadores, la sociedad mercantil exige a las personas normalizadas triunvirato formación-juventud-experiencia. No cabe ser demasiado inteligente para discernir que pasa con los menos favorecidos, aquellos que andan cojos de la primera pata del trípode.

Sin querer ser compasivo, llegados a este punto me recomen los remordimientos y debo aceptar un eximente para aquellos que manejan los hilos de la economía, a los que se dirige este tratado en última instancia. La culpa no es de la pobre empresa, ni siquiera del pobrecito del jefe: la culpa es de los inventores que fabrican máquinas. Ya desde la revolución industrial se viene dando vueltas al tema y quizás sea cierto, posiblemente el vapor halla destrozado la humanidad. Un poco de agua gaseosa provoca cada vez un mayor índice de desempleo. Las máquinas arrebatan puestos de trabajo, puesto que si antes hacían falta en una empresa cincuenta hombres, hoy en día con diez hay más que suficiente, y a este paso, dentro de poco más de un lustro solo existirá una figura laboral: el supervisor. Un solo hombre será capaz de controlar toda la producción de una empresa revisando el trabajo elaborado por las máquinas y redefiniendo unos cuantos parámetros.

En vista de todo lo anterior podríamos considerar la inserción socio-laboral como uno de los retos más complicados a los que se enfrenta el educador social, puesto que debe hacer un hueco a personas, en muchos casos, no ventajosas para las empresas. En la década de la explotación laboral encubierta, luchar por un pedazo de parcela laboral que labrar resulta, cuanto menos, heroico. Desde esta perspectiva podemos considerar loable el trabajo que intenta realizar la Comisión Europea, aunque no lo olvidemos, en un principio (y en este momento) la he desvirtuado como capacitadora de la consecución de los objetivos mencionados. Considero que son objetivos muy complicados, que como teoría están muy bien formulados, son consecuentes y responden a una necesidad real, pero que no dejan de ser excesivamente inalcanzables. La posibilidad de intervenir con éxito mediante proyectos de esta índole, nos situaría en un plano de reflexión distinto, pero la realidad del ayer nos recuerda numerosos casos, no demasiado distintos a este, de final incierto gubernamentalmente, pero desastroso socialmente. Por otro lado, cabe recordar que iniciativas como estas, sobre todo las que van referidas a un intercambio, estarán destinadas a unas personas concretas, individuos seleccionados que no representarán a la mayoría, un colectivo sin posibilidad de salida laboral estable o inestable.
 

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