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 Diplomatura de Educación Social - 1997 / 1999 - Firehaired

DROGAS II

1. INTRODUCCIÓN

En este trabajo vamos a tratar el tema de la droga, ya que creemos que es un gran problema social. Aunque la dependencia a la droga no entiende de legalidad o ilegalidad, nos centraremos en las drogas ilegales, porque su problemática es diferente. Las drogas legales, como el alcohol, tabaco,..., están mucho más "integradas" en nuestra sociedad, por razones culturales y de tradición; y además su legalidad, hace que no se asocien a ellas otro tipo de problemáticas, como la marginalidad, la delincuencia,... que sí se asocian a las ilegales.

Como vamos a ver, la droga es un problema social porque afecta al individuo que la consume, y a la sociedad en la que está "integrado".

Creemos que para profundizar realmente en esta problemática social, se deben analizar no las consecuencias del fenómeno (que es lo que se ha hecho hasta ahora), sinó las "raices" del problema.


1.1 ¿Qué es la droga?

Se entiende por droga toda sustancia química, natural o sintéti­ca, que puede disolverse en la sangre y actuar sobre el Sistema Nervioso Central, o sea el cerebro, modificando el comportamiento de las personas.

El riesgo en cuanto a la alteración a la conducta es doble, y para ello no se requiere ser un drogodependiente, basta una sóla dosis si la cantidad es suficiente.

Por una parte se alteran los factores fisiológicos, como la capacidad de percepción y reacción ante los reflejos; por otra parte existe una falsa sensación de seguridad (poderlo controlar todo) y de uforia. Algunos ejemplos:

· El alcohol aún sin estar embriagado, provoca la relajación mental y disminución de las habilidades motoras. Reduce la capacidad de reacción ante el peligro inesperado.

· Las sustancias estimulantes, como la cocaína y las anfetaminas, hacen disminuir la sensación de fatiga y sueño, pero con contrapartida tanto la fatiga como el sueño pueden aparecer de forma inesperada, afectando el nivel de alerta y la atención.

· Opiáceos, como la heroína o la morfina, provocan la somnolencia y altera la capacidad perceptiva, identificando los reflejos orgánicos.

· La marihuana (los porros), produce una falsa sensación de seguridad u euforia, procurando cambios en la percepción visual u otros sentidos. La sensación subjetiva del tiempo se "lentifi­ca", dando la sensación de que pasa más poco a poco. Así se altera la percepción de los estímulos.

· Ciertos medicamentos, aunque hayan sido recetados por los médicos, como barbitúricos, hipnóticos, analgésicos y antidepre­sivos, también afectan al sistema nervioso central y en conse­cuencia a la capacidad de percepción y reacción. Si estas drogas se consumen junto a bebidas alcohólicas, aumenta considerable­mente el riesgo, ya que los efectos depresores se acentúan, incidiendo negativamente en el estado de vigilancia y atención.


En consecuencia, toda ingestión de drogas prohibidas o toleradas, pueden provocar una situación de alto riesgo.

En diferentes momentos y diferentes culturas, las sustancias que hemos definido como drogas han sido utilizadas de manera muy diversa.

En el origen de todas las culturas, ha habido una experimen­tación con las sustancias psicoactivas del entorno natural. Entonces estas sustancias tienen una finalidad social y su uso está sometido a unas reglas y condiciones muy estrictas que ningún miembro de la comunidad debe ignorar sinó quiere ser condenado a represalias peores. Sirven para iniciar a los adolescentes, preparar para el combate y la caza, utilizadas por los brujos y sacerdotes, o para mantener el poder o el control sobre la comunidad. No es por casualidad que este aspecto de control o manipulación de una sociedad esté asociado al uso de drogas, por su capacidad de generar dependencia, además de los beneficios económicos que puede comportar.

La referencia más antigua conocida de una droga, habla del alcohol consumido poe los egipcios en forma de cerveza, 4000 a.C.; pero su extensión por el mediterraneo hizo que fuera tolerada por el resto de culturas. En cambio otras sustancias no se han integrado en nuestra cultura y su uso queda restringido a subculturas marginales.

Sólo el tabaco y otras drogas con poca capacidad de alterar el comportamiento, se han integrado en la cultura occidental.

La medicina ha utilizado durante mucho tiempo los efectos de las drogas, por ejemplo, el opio era muy utilizado en la antiguedad.

No es hasta principio de nuestro siglo cuando las potencias mundiales se reúnen para tratar el tema de las drogas.

El convenio de la Haya de 1912, fue el primer acuerdo internacio­nal firmado con la finalidad de controlar el uso de las drogas. Algunos organismos internacionales (OMS, ONU,...) han intentado realizar acuerdos sobre las drogas que producen dependencia. Resulta contradictorio que las motivaciones políticas y económi­cas de las potencias mundiales, encabezadas por USA, hacen que la represión o el control se centren en las drogas que provienen del tercer mundo y se ignore por ejemplo, los efectos del alcohol y el tabaco.

Cualquier intento de comenio o de acuerdo internacional, es de muy difícil de conseguir ya que en muchos países productores, los narcotraficantes tienen un gran poder económico que subordina y corrompe todo el sistema político y judicial. Los enormes beneficios económicos que obtienen en estos paises las clases sirigentes (los narcotraficantes) nunca podrán ser compensados por la "ayuda" a la reconversión a los cultivos, que es la propuesta de los organismos internacionales.

Las drogas han cambiado mucho por los avances científicos y tecnológicos. Por ejemplo, en síntesis de laboratorio se elaboró la heroína (1874), con la intención de encontrar una sustancia terapéutica. Después de la II Guerra Mundial, se sintetizó el LSD con efectos alucinógenos.

Hoy, algunas drogas se diseñan en laboratorios clandestinos como las drogas de diseño, el éxtasis. También se introducen técnicas de marketing para variar las demandas de las drogas, así por ejemplo el Crack, que es una cocaína fumable que se puede vender en pequeñas dosis, a desplazado por su bajo precio a la Marihua­na, entre los consumidores de menor poder adquisitivo de los EEUU.

La asimilación cultural de una droga hace posible un cierto equilibrio entre el número y caracterísiticas de las personas que dependen de ella. En el resto de los casos el fenómeno de las dependencias ya no es un problema individual, sinó un conflicto social. Algunos ejemplos:

· En Perú, los conquistadores se dieron cuenta que los indios trabajaban más y con más entusiasmo cuando masticaban coca; éstos preferían ser pagados con coca, que con plata.

· En América del Norte los indios desconocían el alcohol, y el contacto con el hombre blanco provocó un problema de drogode­pendencia de los primeros. Como se puede ver, el fenómeno de las drogodependencias es un problema social, cuando se ofrece una droga en un entorno en donde era desconoci­da, sobre todo cuando esta cultura está en un periodo de crisis.


En los años 60, en USA se desarrolla un gran incremento en el uso de drogas, se trata de unos años en los que el movimiento generacional explotó en relación a los movimientos pacifistas, la guerra del Vietnam, movimiento hippy, la lucha por los derechos civiles,... Nació un gran movimiento contracultural, esta contraposición a la cultura tradicional se desencadenó en el uso de drogas no institucionalizadas.


1.2. Algunas definiciones de drogas, según los afectados

Hemos recogido algunas opiniones de un estudio que realizó José Navarro, en 1985 en la Comunidad de Madrid.

Desde el punto de vista de los toxicómanos, la droga se considera un medio de evasión, y un mecanismo para escapar de la realidad y los problemas, sobre todo los jóvenes; pero que se convierte luego en "un modo de vida" que denuncia el profundo malestar en la sociedad.


"Bueno. Yo creo que la droga es un escape a una serie de problemas que has tenido, pues, en toda tu vida. Y esos proble­mas, claro, que como no ha habido salidas, claro, te refugias en la droga y en el alcohol, ¿me entiendes? y yo que sé, son escapes totalmente".


La droga, según diversas opiniones, es un modo de escapar de lo real, y evadirse de los conflictos de caracter total y exclusivo. Los extoxicómanos se reafirman en considerarla como un modo de vida, y como un modo de existir, que rodea y encierra a cada individuo como una muralla, y que también le aisla del mundo real.


"Cuando estás metido no conoces nada más que la droga que te lleve a experiencias de esa forma, y para ti sólo existe la droga. Entonces es como pararse y verse lo que uno es y decir: bueno, aquí tiene que pasar algo".


Droga significa también un refugio y un medio de esconder­se. Vivir en la sociedad de forma "normal" les parece insatisfacto­rio.

Fumar cannabis, beber alcohol o inyectarse heroína represen­taría tres modos de refugiarse en un mundo aparte de las numerosas formas de rechazo o desprecio que recibe la juventud, tanto de la sociedad en general como de los familiares, la pareja, los compañeros,...


"El mundo de la droga es un mundo aparte en el cual nos encerramos una serie de personas que estábamos metidas allí, como para escapar, para no sentir, para pasar esas situacio­ nes que se crean en la vida, en la calle, a todas horas. O ayudarnos de alguna forma a sentirnos bien, diferentes, y este mundo nos ha ayudado a pasar"

Para algunos jóvenes, la droga ha representado una etapa más o menos positiva en la búsqueda de soluciones existenciales, y que pasado la "situación", sólo tiene valor como experiencia, pero no como solución real.

"Lo pasé muy bien en ese momento que estaba enganchado, pero al final, pues eso: he tenido ruinas, he pagado talego".

La relación con la droga provoca adicción física, necesidad de tomarla periódicamente. Pero también provoca algo que es muy peligroso, porque afecta tanto a los sentidos como a la mente, una vinculación de dependencia que algunos extoxicómanos comparan con la pasión amorosa, "el amor loco" que les conduce a la perdición.


"Llega un momento en que has habituado tu vida a la droga y es muy difícil la marcha atrás. Entonces de ahí que al principio no te asuste el caballo, te encanta, te entusiasma, y esto hace que te enganche; (...) pero luego te das cuenta de que no es bueno y quieres salir, pero no puedes porque hay una especie de romance, un amor loco de estos, que ni juntos, ni sin ti".


La imagen del toxicómano es negativa: mala en las relaciones con los demás, incluso con familiares y amigos, ya que intentam conseguir dinero de cualquier manera, aprovecharse con el fin de adquirir droga. Hay tanbién una gran insatisfacción con ellos mismos, con sus intenciones y acciones, ya que se dan cuenta de que su personalidad está manipulada por esa adicción.

Se dan cuenta de que mientras han consumido han estado "aliena­dos" y se ha "destruido" una parte de su identidad personal.

En general consideran que esta sociedad ni facilita ni cree que a un toxicómano se le ofrezcan posibilidades de rehabilitar­se, en un sentido real, es decir, de restablecer a la persona a su antiguo estado.

II. EL PERFIL SOCIAL DEL DROGADICTO


El uso de cualquier droga entraña siempre el riesgo de generar en el individuo una situación de abuso (aquella situación en la que la utilización de una droga supone un gran riesgo para la salud del individuo). Este riesgo, que es distinto para cada droga, depende de tres factores importantes relacionados entre si:

a) La farmacología de la droga y su forma de actuar sobre el organismo, y concretamente a nivel del Sistema Nervioso Central (S.N.C.)

b) Las características de personalidad y circunstancias personales del sujeto

c) Las condiciones socioculturales y el entorno/contexto, que rodean al individuo, tales como la presión social hacia el consumo, la facilidad de adquisición de la droga, etc...

No existe ningún factor que, por sí sólo, sea determinante a la hora de explicar el consumo abusivo o dependiente de una sustancia. No existen relaciones simples de causa o efecto. La dependencia viene determinada por la interrelación de múltiples factores que tienen que ver, de forma especial, con la personali­dad del individuo y con sus entornos más próximos (familia, escuela, grupo de amigos...); por eso, gran parte de esos factores hay que tenerlos en cuenta a la hora de explicar la problemática del drogodependiente.


2.1 La edad en la que se enganchan a la droga.

El hecho de la drogadicción se manifiesta en dos categorías que corresponden a dos etapas de la vida humana:


a) La adolescencia

Evidentemente la adolescencia es la etapa más susceptible para desarrollar una drogadicción, pues es una época de transi­ción. Es la etapa de la separación del grupo familiar (dejándola atrás), y del enfrentamiento con el mundo externo.

La movilidad desde la familia a la macrosociedad no se realiza en soledad o aisladamente, sino con los grupos de amigos. Estos grupos sustituyen parcialmente a la familia para cumplir otra función: son grupos de experimentación en los cuales mediante el ensayo que deriva ya en éxito, ya en fracaso, el adolescente se prepara para ocupar un rol social como expresión de identidad o posible identidad. La adolescencia es así un proceso crítico de cambios rígidos e intempestivos, de sorpresas y sobresaltos, de búsqueda y descubrimientos. De ahí que el adolescente necesita apoyarse en la familia para permitirse una pausa y tomar aliento en la situación de dependencia-seguridad de la niñez añorada, para luego seguir su experimentación grupal en su camino inexorable a la inserción social.

Es en estos grupos normales de experimentación donde se da la droga como una experiencia más. En una edad en que todo se prueba, haciendo gala de espontaneidad y libertad, la droga es una aventura más asumida por el grupo y hasta impuesta como condición y desafío.



Parece ser que se inician en la droga para conocer una cosa más de las que en esa época están conociendo en la eclosión al mundo que supone la pubertad. Tanto los cambios psico-físicos, como el sustrato hormonal, y la nueva visión del mundo que les rodea, les hace percibir las cosas de manera diferente. Es como aparecer en otro mundo y en estos descubrimientos uno de ellos puede ser la droga. Ya que en ella está en el ambiente que les empieza a rodear: compañeros, personas conocidas, o desconocidas.

Los valores de todo tipo están en crisis, es preciso construir unas nuevas escalas de valoración. Esto no sólo en el mundo en el que se desarrolla la pubertad y adolescencia, sino en todas las esferas y niveles como el económico, político, religioso...

Este clima procura una sensación de inseguridad en el adolescente que se suma a los cambios que está en ese momento sufriendo, y que en algunos casos suponen una verdadera conmo­ción.

Esta inseguridad se manifiesta en estados depresivos, acompañados de acres críticas hacia el entorno socio-cultural-educacional y ambiental que repercuten en los demás y como boomerang revierten en su personalidad.

Si el adolescente tiene un Yo débil, entonces va a necesitar una fuerza extra para cumplir con este desafío, y si tanto la familia como la sociedad le muestran que las "drogas" son el equivalente a las "espinacas de Popeye", es decir, el "combusti­ble" adecuado para enfrentar las exigencias a la vida, él podrá poner en marcha "la experiencia tóxica".



Pero ¿qué pasa cuando se elige la droga después de las primeras experiencias?.

El itinerario trágico de muchos adolescentes comienza así.

Primero en forma placentera y como ante un gran descubri­miento.

El mundo se transfigura y todo resulta sorprendentemente fácil. El grupo es el ámbito donde tiene lugar una comunicación mágica mediante esta nueva "comunión". Pero muy pronto tiene lugar el desborde y el descontrol que rebasa lo grupal, y éste se desintegra. Los que necesitan seguir con la droga terminan haciéndolo en forma solitaria y huyendo de la gente para no tener problemas.

La droga que comienza como necesaria para funcionar, paulatina­mente va echando por tierra todas las posibilidades reales de inserción, y ella misma se torna de medio en fin.

Si antes de que se iniciara la dependencia a una droga, el sujeto pensara que ello le iba a carrear numerosos problemas, es probable que no iniciara el consumo.

A veces ocurre, sobre todo en el adolescente, que sí sabe el problema que ocasiona el consumo de una sustancia, y a pesar de ello se inician en él; esto es debido, fundamentalmente a, que la información ha sido mal enfocada, haciendo más hincapié en los perjuicios a medio y largo plazo, dificilmente apreciables poe el adolescente, que en los beneficios del no consumo y de un estilo de vida sana.

El adolescente, de una manera especial, hace caso omiso de las desventajas a medio y largo plazo en beneficio de las "ventajas" inmediatamente del consumo (deshinibición, aceptación

por el grupo de amigos,...) las cuales hay que desmitificar.


El problema de la toxicomanía juvenil es que ésta se instaura cuando aún no se han establecido esas partes de funcionamiento personal maduro y adaptado.

Y el resultado de la drogadicción adolescente, muchas veces tiende a la marginalidad.


En nuestro país comienza a no resultar extraño que se inicie el contacto con las drogas hacia los 12 años. Ha habido un descenso considerable de la edad, ya que hace pocos años este contacto comenzaba hacia los 18-20 años.

Parece ser que en las edades tempranas, existen dos tercios de chicos por uno de chicas adictos y que estas cifras se van igualando conforme aumenta la edad. Esto parece que se debe a la influencia de los compañeros, interviniendo una debilidad de carácter y un concepto muy desarrollado en estos días de la igualdad femenina.


Pues el uso precoz de tabaco y alcohol puede configurarse como indicador de riesgo de trastornos psicosociales en muchos grupos juveniles.

Una adecuada actitud crítica frente al uso indiscriminado del tabaco y del alcohol (con las que primero contactan los pre-adolescentes), lleva consigo con frecuencia una extensión de dicha actitud a las drogas que se empiezan a usar después. Es decir, probablemente el desarrollo precoz de estas actitudes y comporta­mientos sanos y el retraso en la edad de primer uso del alcohol y el tabaco puede resultar una medida preventiva no sólo para estas drogas, sinó también para otras.


Pues el uso precoz y frecuente de determinadas drogas (cannabis, heroína,...), puede perturbar seriamente el proceso madurativo del adolescente, provocando serios déficits en sus posibilidades de desarrollo y adaptación, y dificultando en mucha mayor medida que si el comienzo con las drogas ha ocurrido con partes de maduración ya adquiridas.

Por lo tanto, si nos colocamos ante las realidades que debe enfrentar el adolescente de esta época, y si le sumamos la ya de por sí interesante tarea de asimilar los cambios propios de su crecimiento, tanto corporales como psicosociales, se hace aún más claro comprender por qué los consideramos una población de alto riesgo.


B) El adulto.

La condición del adulto se define por la participación e integración social mediante el ejercicio de roles. Generalmen­te, ya existe la pareja matrimonial con hijos y el desempeño de algún trabajo o profesión. No aparecen los rasgos de marginalidad (falta de integración social) de los adolescentes adictos.

El adulto ya está iniciado en el juego de la sociedad, por eso aparece con todas las notas de conformismo y adaptación. Dentro del juego de roles con el que busca un lugar propio, la partici­pación en vista a la integración constituye el quehacer adulto ya que en la sociedad y con ella no sólo descubre su posibilidad personal, sino también los medios para lograrla.

La droga no se inscribe en un contexto peculiar y transito­rio, sino en el ejercicio mismo de roles y funciones dentro de la sociedad.



En este contexto diferente, la droga sólo puede tener sentido para cumplir y sostener un rol social determinado, incluso se está fracasando en el ejercicio de ese rol.

La droga se convierte para el mundo adulto en el medio por excelencia para llegar a ocupar un lugar en la sociedad. Y esta dunción va desde una imagen profesional o laboral que se ha de sostener, a veces en situación de mucho stress.

La drogadicción adulta, no tiende a la marginalidad como en la adolescencia, sino a la autodestrucción.


Por lo tanto si se inician en la etapa de la madurez, lo hacen porque no se ha conseguido lo que se esperaba, y la persona no puede adaptarse a la situación real y encajar la realidad de su fracaso, se produce una desadaptación o falta de ajuste, que va a determinar la búsqueda de la droga como una evasión.


2.2. Tipo de personalidad.

No es fácil analizar el abuso de las drogas a través del comportamiento humano. Pero lo cierto es que, más allá de los factores etiológicos y los recursos terapéuticos, existe siempre una actitud personal que induce al consumo o al abuso de estos productos. O se modifica esa actitud personal o será muy difícil solucionar el problema.

Hay que decir que el uso de las drogas varía de un individuo a otro; de un momento a otro, en el caso de un mismo individuo, y también varía según los grupos, culturas y generaciones.




Pero, ¿existe una personalidad que lleve al consumo de las drogas?. Por más que muchos autores hablen de la existencia de

trastornos característicos subyacentes en los drogodependientes, en el actual estado de las investigaciones, no cabe decir que exista en ellos una personalidad característica o propia.

Lo que sí se puede afirmar es que, en muchos casos, detrás del consumo de drogas se encuentra una personalidad enferma, seres inmaduros que padecen diversos tipos y grados de trastornos psicopatológicos. Son personas que tienen problemas que no pueden resolver de un modo socialmente aceptables.

Para algunos autores, existen una serir de rasgos determi­nantes de la personalidad pretoxicómana, que predisponen al uso de drogas, como una acción que se enmarcaría dentro de una actitud de búsqueda de soluciones a un estado crítico por el que atraviesa la persona.

Entre estas caracterísiticas personales, se pueden distin­guir las siguientes:

-Una actitud pasiva de cara a la vida, y sobre todo, a la solución de problemas. Con una personalidad desestructurada e inmadura que les hace incapaces de enfrentarse con los problemas de la vida, y las demandas de la sociedad.

-Bajo dintel de frustración, fracaso o dolor; es decir, la gran dificultad que algunas personas tienen a la hora de soportar el malestar de cualquier índole, no pudiendo tomar una actitud adulta de búsqueda de soluciones, tendiendo a la desestructura­ción como única alternativa, la cual va desde la rabieta hasta los estados de angustia intensa. "Yo débil incapaz de tolerar las frustraciones".



-Una actitud caracterizada por la "capacidad de aliviar y eliminar la angustia" (malestar psíquico) mediante la ingestión de alimentos, líquidos,..., o la evasión de la realidad. Intentan buscar la satisfacción inmediata.

-Necesidades de dependencia no satisfechas.

-Dependencia afectiva. Inmadurez o inestabilidad emocional y afectiva.

-Angustia de separación, aislamiento y dificultades de interrelación. Individuos con graves problemas de socializa­ ción.

-Deseo inagotable de amor y de aprobación.

-Falta de confianza en sí mismo. Imagen negativa de sí mismo.

-Timidez e hipersensibilidad.

-Inadaptación atribuible a una situación familiar desfavora­ ble o factores constitucionales.

-Carecen de control interno.

-Escaso nivel de aspiraciones y realizaciones personales.


Pero que haya individuos drogodependientes como consecuencia de una personalidad desestructurada, no quiere decir que todo consumidor tenga una personalidad defectuosa.


2.3. El entorno/contexto en el que viven y se desenvuelven.

Está claro que para que un individuo pueda depender de una droga, es necesario que exista en el mercado legal o ilegal, y que se pueda conseguir con no mucha dificultad.



A más oferta de la droga, mayor es el número de personas que pueden depender de ellas, ya que la relación entre la oferta y la demanda es una relación directa, por lo que cuanto mayor sea la oferta, mayor será el nivel de consumo y lógicamente mayores los problemas ligados a dicho consumo.

Los estudios realizados muestran la facilidad con que se pueden conseguir las drogas. Hay que tener en cuenta, por lo tanto, en este aspecto, la presencia de los "agentes inductores".

El "contagio", en las toxicomanías, se produce siempre a través de una persona que ya consume y que adiestra en el consumo al que quiere iniciarse. Por ello, se puede decir que el consumo de una droga siempre suele iniciarse en el seno del grupo de compañeros, el cual motiva y adiestra al neófito. Tal como afirma el grupo de orientación de la Brigada General de Estupefacientes: "la oferta o invitación no llega a través del traficante situado estratégicamente a la puerta de un colegio, sino que se produce de forma natural, como una simple transmisión de experiencias, dentro del propio medio de convivencia, sin gran necesidad de agentes externos, todo lo más con la ayuda de algunos compañeros, amigos o vecinos, que, a base de "trapicheos", mantiene su propio consumo".

Por otra parte, el hombre al nacer y durante una cantidad de tiempo importante, necesita atención y cuidados amorosos para poder desarrollarse e integrarse adecuadamente, que le permitan fortalecer y formar su propio Yo. En la medida en que ha recibido mejor calidad de amor, respeto por él mismo y un buen concepto de límites entre uno y otro, va desarrollando dentro de él la

génesis de una conducta madura.



Cuando esta condición falla, vemos entonces aparecer con gran frecuencia trastornos de la personalidad y también las adicciones (si se cumplen además otras circunstancias, porque este factor no es específico como base predisponente).


La familia, como una necesidad real de los seres humanos, es sin duda una de las instituciones sociales básicas, en ella se realizan una serie de funciones fundamentales para una adecuada integración social de las personas. Las relaciones afectivas que se dan en la familia son muy importantes para el equilibrio emocional de sus miembros y también en ella se produce el proceso de socialización básicos. Ambos aspectos son esencia­les en la configuración de la personalidad y la conducta de los niños y los jóvenes. Por ello se observa que las familias inestables o con cierto grado de conflictividad se dan, en mayor proporción que en las demás, los comportamientos divergentes.

Es decir, el niño ha de vivir necesariamente una larga dependencia en el seno familiar para lograr seguridad y confianza básicas (para el desarrollo de un Yo maduro, posteriormente). Cuando la familia no logra crear este clima adecuado de seguridad y confianza en la etapa de necesaria dependencia de la niñez, la droga puede llegar a sustituir lo que "no se dio" o fue inadecuado, y la función sería la misma: brindar, en general seguridad y confianza.


Si además de este "vacío" o "abandono", existen situaciones conflictivas y duras en el seno de la familia, ya no se da la familia como una unida existencial, si no que se internaliza la



división, la disociación, la negación y el encubrimiento, como modalida de conducta.

El adolescente con este transfondo familiar vive su adolescencia como experimentación sin límites y compulsiva por llenar un vacío.

La función existencial de la droga es aquí importante porque, por dentro, viene a llenar un vacío haciendo superar la inhibición y logrando un camino a la comunicación. La droga suple una función vital: va a crear un vínculo de seguridad contrarres­tando el "abandono" y llenando un gran vacío; va a ser como una fuente de paz y tranquilidad frente al trauma de conflictos, que se agotará en el flash del momento.

También la droga sirve para romper un sometimiento avasalla­dor y anulante que se da en las familias muy estructuradas.

El adolescente que no tolera esta situación encuentra en la droga el medio para romper y, al mismo tiempo, protestar, haciendo lo contrario. Pero a la larga cae en la cuenta de que no hace sino suplir un sometimiento por otro.

Existe, también muchas veces, una deficiente comunicación y relación mantenida por el toxicómano con su familia (insatis­facción familiar), donde para él, no hay nadie con quien pueda hablar y mantener una relación de confianza. No se perciben, o más bien se niegan los conflictos que existen en la familia, no son capaces de preguntarse uno al otro que le pasa.

El diálogo y la comunicación entre padres e hijos es importante, puesto que una buena integración familiar, favorece el buen desarrollo de los hijos. Y esta comunicación debe perseguir dos cosas:


-Que el distanciamiento generacional entre los miembros de la familia no debe ser el acicate ni el motivo para la no comprensión.

-Que la comprensión y el conocimiento de los miembros de la familia sea el mayor posible, de cara a su cohesión la cual pasa por el respeto de las individualidades que la forman.


Otras veces a través de mensajes verbales y no verbales la familia se encarga de mostrar al niño una serie de conductas adictivas que tienen que ver con el uso de sustancias (tabaco, medicamentos, alcohol,...). Con estas conductas están dando un mensaje de cómo enfrentar las vicisitudes de la vida, que unido a otras condiciones puede generar la adicción futura. Los padres abusan, aunque enseñan que esto no se puede hacer. Esta modalidad es inductora por excelencia de las conductas adictivas de los hijos.

El uso indiscriminado de sustancias, en forma compulsiva frente a cualquier ansiedad (para calmarla), van construyendo en la persona, un modelo donde el pensar, esperar y controlar los impulsos no existe; el consumo de drogas sustituye al pensar.

En estos grupos familiares o equivalentes no se aprende el control de impulsos porque no existe nadie que lo enseñe. No hay modelos coherentes de reflexión, de espera. El adicto está siempre pidiendo, es decir, buscando la gratificación inmediata, pues no aprendió a mediatizar el impulso con el pensamiento.

De todas formas, las conclusiones respecto al influjo que la familia tiene en el proceso de la drogodependencia no son definitivas. Los conflictos se dan más en familias rotas o con problemas, pero también se dan en familias normales.


2.4. El nivel sociocultural.

Sería del todo injusto cargar sobre la familia todo el peso de la responsabilida con respecto a la drogadicción de los hijos. Lo real es que la familia está inmersa en la sociedad.

Todo comportamiento se produce en un contexto social y cultural que, a menudo, le da sentido.

Algunas características de nuestra sociedad plantean a los individuos tantos problemas, sobre todo la falta de perspectivas educativas, laborales, profesionales, familiares y de consumo, que es muy fácil ir hacia la droga o conectar con ella.

La falta de trabajo, así como los efectos de la inactividad en los jóvenes: abandono de estudios, vida de banda, ociosidad en un medio como el del barrio favorable a cualquier vicio y aventura ociosa; son principales causas sociales de la extensión del consumo y adicción a las drogas.

Además hay que añadirle, los fuertes intereses económicos que están detras de esta gran disponibilidad y de la potenciación y el mantenimiento de los hábitos de consumo de los adultos; y lo que es peor, estimulando la aparición de nuevos consumidores entre la población infantil y juvenil, para lo cual no tienen reparos en utilizar cualquier medio. Anteponen el interés económico, al grave daño social resultante.

Las drogas ilegales disponen de mecanismos de coacción social en el seno de la llamada "contracultura", numerosas publicaciones, películas, discos, etc., incitan con frecuencia a sus lectores, de forma directa o indirecta, al consumo de las drogas ilegales mediante la apología de sus efectos.



Vivimos, también, en una cultura basada en las drogas.

Existe una creciente medicalización de los problemas humanos. La pastilla constituye la solución mágica de todo tipo de problemas. Hasta en los tebeos aparecen personajes fuertes e inteligentes gracias a un "alimento mágico" que ayuda a salir de toda situación difícil. Cualquier sentimiento desagradable o malestar físico o psíquico es considerado como "enfermedad" que hay que curar con medicamen­tos. Se consigue así no sólo olvidar las causas que provocan el malestar del individuo, sino también individualizar y despoliti­zar los problemas sociales.

La alienación de nuestra sociedad facilita este tipo de soluciones. Los problemas sociales son tan profundos que es necesaria una verdadera revolución mundial para conseguir que nuestro mundo sea capaz de ofrecer a los individuos una vida plenamente humana.

Se vive en un sistema social más pendiente del aumento de la producción y del consumo, que de la humanización de la sociedad. Esto se traduce en: desintegración de los valores culturales, vacío espiritual, inestabilidad ante la vida, crisis económica,... Por lo tanto la falta de sentido de la vida carga de significación a la droga.

El consumo de drogas que en principio puede ser una forma de protesta, se convierte, generalmente en los jóvenes, en un medio de "pasar de todo", sin más mística ni revoluciones contraculturales. Así es que la droga no puede considerarse como un fenómeno aislado subsistente por sí mismo, sino como parte de la una realidad mucho más profunda y compleja que no se resolverá por el mero hecho de que las drogas desaparezcan.



2.5. Motivaciones y causas del consumo de la droga.

El hombre desde siempre, ha recurrido a las drogas para modificar sus sentimientos, su estado de ánimo, su campo de conciencia, su estar en el mundo. En general, responden estas sustancias a tres "necesidades" profundas:

1. La búsqueda narcisista de placer y el deseo de modificar la realidad. Cuando la realidad resulta difícil de soportar, el hombre busca un correctivo: la excitación, la estimulación, que aumenta la eficacia, desarrolla la vitalidad y facilita una sensación de placer a nivel intelectual, afectivo, sexual y psicomotor.

2. El rechazo del malestar y necesidad de huir de la realidad, para liviar el dolor físico, la tensión, la ansiedad, el insomnio. El hombre tiende a buscar la calma, la huida a lo imaginario, el olvido de sí y de la realidad y, en casos extremos, la autodestrucción y el suicidio.

3. La búsqueda de la "expansión de la conciencia" de un estado de "éxtasis", modificando la vida emocional, corporal y la percepción psicosensorial.


Una crisis personal, el agravamiento de una situación personal, en el comienzo de consumo drogodependiente, es algo bastante común en la "historia" de los toxicómanos.

La crisis, que puede ser de caracter emocional, laboral, familiar, etc., es la que precipita al sujeto al consumo continuado de una sustancia; es decir, el consumo drogodependien­te tendría siempre sentido contemplado desde la perspectiva del

sujeto y enmarcado dentro de un comportamiento psicopatológico,


siendo posiblemente la alternativa menos angustiosa y más fácil que podría tomar éste ante la crisis.

Al igual que la crisis, como elemento importante a tener en cuenta, para llegar a la droga, estaría: la depresión, una insuficiencia psicológica que predispone a tomar drogas, una proposición para tomar drogas hecha en el momento apropiado,...

Así es que, la droga es utilizada como un "medio" casi necesario, para solventar o amortiguar las tensiones y los conflictos surgidos en el seno de la sociedad.

También existen otro tipo de motivaciones, las cuales llevan al consumo habitual de drogas:

A) Motivaciones de respuesta social

Aspectos que hacen referencia a la situación psicosocial del individuo y a la respuesta que frente a la misma toma la persona. De modo que se puede encontrar con un primer grupo de respuestas sociales que quedarían englobadas en:


*Motivaciones de huida:

-"Estar a disgusto en esta sociedad injusta".

-"Escapar a problemas personales".

*Motivaciones de libertad:

-"El gusto de hacer lo prohibido".

-"Sentirme libre".

-"Encontrar un nuevo estilo de vida".

*Motivaciones de pasividad:

-"Pasar el rato"

-"Porque paso de todo"



Motivaciones éstas que tendrían como puntos en común un desacuerdo expreso con la situación psicosocial vivenciada por el individuo que conlleva respuesta (activa/pasiva) en la que es mediadora la droga que le permite, le hace posible ese tipo de respuesta: huir de la situación vivida como problema, la búsqueda de libertad por la transgresión, que le aporta una situación vivencial diferente, o pasar, tomar la alternativa de la pasividad de la negación de la acción, en una sociedad continua­mente en movimiento, cambiante.


Un segundo grupo de motivaciones estarían constituidas por aquellas que giran en torno al logro de una mejor adaptación a las normas establecidas y a la consecución de respuestas adecuadas a las exigencias de las mismas: para estudiar o trabajar mejor, para facilitar el contacto social y la conversa­ción, porque es costumbre social, por no ser tenido por raro.


Un tercer grupo dentro de las motivaciones de respuesta social lo formarían las referencias a la exclusión/inclusión al grupo de pertenencia. Entrarían por tanto a formar parte de la relación individuo-grupo como uno de los aspectos expresados por las siguientes afirmaciones: sentirme rechazado o no aceptado por la familia, sentirme marginado o discriminado en el trabajo, por deseo de ser un miembro de un grupo.

B) Motivaciones experimentales

Se sitúan en un nivel fundamentalmente individual, como expresión de una situación psicológica personal que hacen



referencia a la búsqueda del placer, del hedonismo, etc. Búsqueda individualista pero generalizada socialmente como alternativa a la crisis social actual.

Este grupo de motivaciones, cuya forma de manifestación verbal aparece como positiva, puede ocultar no obstante, posturas de negación vital muy propias de los toxicómanos. Ellos sobrevi­ven confundiendo Nirvana y realidad, paraíso y muerte, vida e infinito.

Dos tipos de expresiones recogerían estas motivaciones: por experimentar placer, por animarse; y por curiosidad y deseo de sentir sensaciones nuevas.


Es interesante señalar la aparición de una cierta graduación en la relación, motivación verbalizada-droga consumida.

Esta graduación de motivaciones según el producto utilizado corresponde a:

- La experimentación, las motivaciones de libertad y pasividad, son imperantes entre los consumidores de inhalables.

- La experimentación, libertad y pasividad unidas a las motivaciones de huida son muy significativas enre los que utilizan el cannabis, los alucinógenos y la cocaína.

- A las cuatro clases de motivaciones ya aducidas (experi­mentación, libertad, pasividad y huida) se sumarían las que hacen alusión a la inclusión/exclusión del grupo de pertenencia que son relevantes entre los consumidores de heroína.

- Y por último, de entre los consumidores de anfetaminas, aportan datos de consideración las motivaciones señaladas y las que se refieren a la normativa social.


Por tanto se establece claramente un bloque relacional entre tipo de motivación/tipo de droga, bloque relacional que lleva este tipo de agrupamiento:

Motivación verbalizada Tipo de droga

Huida Inhalables

Libertad Cannabis

Pasividad Alucinógenos

Exclusión/inclusión grupo Cocaína

Normativa social Heroína

Experimentación Anfetaminas


La población entre 12 y 14 años que toman droga, responden que su uso es motivado porque "paso de todo", "para no ser tenido por raro", y "por deseo de ser miembro de un grupo y sentirme aceptado por él". Que guardan coherencia con la fase adolescente en que este grupo de edad se inicia y la importancia que el grupo de iguales tienen en esta etapa evolutiva. A ellos respondería por tanto la necesidad de ser aceptado por el grupo y aceptar las normas subcultares intragrupales. El refuerzo del aspecto pasivo de las motivaciones expresadas por este grupo encuentran también su referente en las formas adolescentes de rechazo del mundo adulto.

El grupo de población comprendido entre los 15 y 24 años presentan una importante similitud en sus respuestas. El gusto por hacer lo prohibido va disminuyendo su significación; lo que es patete entre los intervalos de edad comprendidos entre los 21 y 24 años, lo mismo que ocurre en lo que se refiere a la



motivación por experimentar y curiosidad. Lo que tiene una lógica correspondencia con la evolución madurativa que se produce en estas edades que van de las etapas adolescentes a la estructura­ción de la personalidad adulta.

En el grupo de edad comprendido entre los 25 y los 29 años, esta cadencia es mucho más patente y nos encontramos que entre el colectivo de esta edad las respuestas que hacen referencia al gusto por lo prohibido como motivación para el uso de drogas, arrojan porcentajes insignificantes. El pasotismo y la variedad como motivaciones expresadas, su descenso con respecto al grupo de edad anterior es patente.

El intérvalo de edades comprendidas entre 30 y 34 años, es la fase de incorporación al mundo adulto, en la cual ya se han dejado los aspectos más relevantes de la adolescencia y la juventud, sin que todavía no se hayan asimilado las propias de las edades adultas. Estas edades nos presentan como motivaciones principales, para calmar nervios, y por enfermedad-dolor. Según va aumentando la edad los porcentajes son altamente significati­vos.

III CONCLUSIONES

El auge del consumo de drogas en los últimos años ha creado, entre otros efectos, el deterioro de la salud colectiva y el aumento de la delincuencia, convirtiéndose en uno de los principales problemas políticos del país.

Algunas de las causas que conducen a la adicción, además de los conflictos familiares i sociales, consideramos que son: el alto índice de desempleo, la existencia de mucho tiempo libre sin actividades ni formación, la necesidad de buscar nuevas formas de divertirse, la falta de vinculación familiar, la falta de participación en la sociedad. la falta de modelos y referentes, etc... La droga puede llegar a sustituir la integración laboral, familiar y cultural.

El contexto sociológico de la drogadicción: el ambiente urbano, la falta de trabajo, la inactividad, los conflictos sociales y familiares...; junto con unas características psicológicas como pueden ser: una personalidad inadaptada, carácter rebelde del adolescente, necesidad de nuevas experien­cias..., posibilitan la adicción a las drogas.

La droga se considera principalmente como un medio para evadirse de una realidad o situación social que se considera negativa. La adicción a las drogas, representaría un mecanismo sobretodo de los jovenes para enfrentarse a situaciones: falta de objetivos profesionales, familiares,... Todo esto se le añade la búsqueda de experiencias limite y nuevas sensaciones.

La drogadicción puede llegar a ser ( y de hecho es muchas veces), un factor de delincuencia que se desencadena dependiendo de las circunstancians y el entorno del sujeto.

La adicción representa para muchos jóvenes una manera de saltarse las normas y revelarse contra la cultura, una cultura en crisis. <es una forma de revelarse contra los valores y creencias heredadas de una generación anterior considerada caduca. No podemols caer en el error de culpabilizar sólo a la sociedad de este problema, sino que el sujeto debe responsabili­zarse de sus actos, tiene la última opinión.

Como hemos apuntado en el trabajo, el fenómeno de la droga, no se reduce al problema de los sujetos toxicómanos sinó que hay que ir más allá; cambiando estructuras sociales.

El tratamiento actual se centra en la actuación directa, intentado facilitar la reinserción, pero nosotros dudamos que ésta se produzca al 100% y en todas las ocasiones. La sociedad clasifica, i es muy dificil vencer esas "etiquetas". La sociedad en general asocia las drogas a la delincuencia y a la margina­ción; no considera un problema grave la drogadicción de la élite o de las clases de estatus social alto.

Existen campañas de prevención e información hacia el fenómeno de las drogas, pero consideramos que la autentica prevención comienza en la familia y en la educación.

Son estos dos agentes socializadores, los que deben intervenir principalmente, tanto en la prevención como en la reinserción.

Para cambiar el tratamiento y la consideración actual de este fenómeno, creemos necesario un cambio de actitud, que desmitifique muchas consideraciones sociales erróneas.

Para estudiar el impacto social de las drogas en la sociedad, es necesario analizar las actitudes y reacciones sociales. Son dos fenómenos que van intimamente ligados. A estas alturas no podemos negar que existen muchas actitudes que etiquetan las conductas y determinan la postura que toma la sociedad ante determinados fenómenos. En este caso el fenómeno de la drogadicción es bastante intolerado por lo que se refiere a determinadas drogas, mientras esa misma sociedad tolera el uso de otro tipo de drogas calificadas como "legales".

La prevención, el tratamiento, en definitiva la considera­ción dependerá de la postura de los individuos.

Además de las actitudes hay que añadir determinadas creencias, mitos, acerca del propio consumo de drogas, de los efectos inmediatos y tardíos del consumo, ciertos aspectos que chocan con el sistema de a general de valores de la sociedad, en concreto de la sociedad occidental. Como vimos al principio, el uso de determinadas drogas esta condicionado por pautas culturales.

Las actitudes de la sociedad ante la droga se podrían dividir en antidroga y prodroga, sin variar la diferencia entre consumidores normales y consumidores patológicos. En general hay un rechazo masivo a experimentar ciertas drogas consideradas ilegales, hay desacuerdo ante la idea de sentirse bien tomando drogas y un leve acuerdo ante el hecho de que el drogadicto constituyen una carga para la sociedad.

Es evidente que cada droga tiene un público consumidor claramente diferencido, diferencia que aparece en función de la ilegalidad o legalidad de las drogas. Así el alcohol se consume a todas las edades y estatus de la población española como producto legal, mientras las drogas ilegales tienen una mayor difusión entre los jóvenes. Quizá por ello existe una mayor tolerancoias entre los jóvenes en el mundo de las drogas.

En general se considera sobretodo en la población mayor de edad, que la droga constituye una de las mayores lacras de la sociedad de finales de siglo, pero ¿ qué tipo de drogas? Como hemos visto las consecuencias fisicas de la heroina, cocaina son bastante nefastas, comparables quizás a las que pueda provocar el alcohol a largo plazo; pero consideramos que el fenómeno que provoca este rechazo no es la utilización de la droga en sí, sino cuando ésta aparece ligada a la marginación, delincuencia, etc...

Si a esto añadimos la edad de los sujetos, encontramos que la sociedad está mucho más solidarizada y mucho más concienciada ante la prevención de la drogadicción de los 12 años a los 18 años, pero los adultos toxicómanos entre 25 y 30 años no gozan de la misma consideración social. por último como hemos comentado anteriormente ésta categoria socioeconómica de los consumidores, y unido a esto el tipo de drogas que utilizan. No tiene la misma consideración el "yonqui", que el joven que utiliza drogas de diseño.

Se hace necesaria una educación para el cambio de actitudes, a nivel general, y con ello cambiar la consideración de las drogodependencias hacia la posible reinserción.
 

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