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 Diplomatura de Educación Social - 1997 / 1999 - Firehaired

EL EDUCADOR Y LAS DROGAS

No hace mucho, en la ciudad de Badalona, se pudo presenciar un hecho más que insólito: un grupo de jóvenes se reunió en una céntrica plaza y reivindico mediante una fumada popular de marihuana la legalización de esta droga. Este acontecimiento fue reconocido por unos y criticado por otros, llegando en algunas ocasiones a algo más que palabras.

Pues bien, este conflicto de valores ha cobrado en poco tiempo mucha importancia ya que un gran número de jóvenes se han aficionado al consumo, bien sistemático o esporádico, de un determinado tipo de drogas, que se han denominado blandas. Estos ciudadanos pugnan por su derecho a la libertad, argumentando que se sienten cohibidos por una sociedad demasiado proteccionista que les manipula, y buscan de la administración su legalización para poder de esta forma comprarlas y consumirlas como si fuesen golosinas.

Si bien nos centramos en la significación de esta palabra, podremos decir que una droga es algo así como una substancia que crea adicción y que produce una reacción determinada en el individuo. Por tanto, basándonos en esta misma definición, ¿no podríamos decir que el tabaco, el alcohol o el café son drogas? De hecho, en la actualidad, nadie sería capaz de refutar esta afirmación ya que esta comúnmente aceptada, pero entonces, ¿cual es la diferencia entre estas drogas legales y las ilegales?

El mundo que nos rodea está sujeto a pequeños vicios, que no consideramos verdaderas drogas, y que tienen efectos devastadores a medio y largo plazo. Si bien el tabaco se ha perfilado en los últimos tiempos como el mayor responsable de un determinado tipo de cáncer, su consumo no ha sido controlado. Tampoco lo han hecho con el alcohol, que produce en el mejor de los casos enfermedades hepáticas, cardiovasculares, y psicológicas, ni con el café, que en grandes cantidades expone al consumidor a enfermedades cardiacas por su efecto excesivamente estimulante en el sistema nervioso del individuo. También debería hacerse referencia, aunque solo fuese con un breve apunte, a la existencia, en nuestra dieta cotidiana, de productos que pese a no crear adicción si que son nocivos para la salud, como lo es la sal.

Tras esta breve introducción me gustaría entrar plenamente en el objeto de mi trabajo.

Primeramente sería partidario de exponer unas cuestiones básicas que más tarde se irían resolviendo, tales como pueden ser: ¿Qué debe hacer el educador social frente a esta problemática? ¿Pueden haber diferentes posturas ante una misma situación? De ser así, ¿cual es la correcta?

Partiendo de la definición del educador social como instrumento mediante el cual la sociedad acepta a un elemento marginado, nos percatamos de que realmente el educador tiene un papel arduo y complejo en situaciones de este tipo. Si bien la educación debe estar siempre ligada a la ética, es paradójico afirmar que el educador debe estar siempre en contra de el consumo, y menos aún, de la legalización de estas drogas. Según se ha ido viendo a lo largo de los años, la legalización de algunos tipos de drogas es una batalla de intereses, que por tanto se libra de manera diferente en los diferentes países. Si bien es cierto que el educador social español debe mostrarse reacio a esta posible legalización, basándose primero en el rechazo social generalizado que comporta, y segundo, en el afán de nuestro gobierno por preservar la integridad tanto física como mental del individuo, atacando la postura contraria y calificándola de poco ética, ya que, según este, de darse conduciría a la extinción de la sociedad, en otros países en los que las drogas están totalmente legalizadas y son comúnmente aceptadas, el educador social no pondría conducir al educando hacía la postura opuesta ya que le provocaría un estado de automarginación, contraria a todos sus principios. Vemos por tanto que el educador social trabaja en base a la realidad social que vive, y que no hay una universalidad de actos ni de sentencias a las que acogerse. Cada educador social debe recoger la esencia de su entorno y plasmarla de una forma y concisa, para que pueda ejercer su trabajo sin ningún tipo de problema. Una vez demostrado que cada sociedad es un mundo diferente y que el educador debe operar en base a ella diremos, ¿es más ética una postura que la otra? La ética, como todo el mundo sabe, es totalmente subjetiva. Por tanto no hay un educador más o menos ético si se ciñe a las acciones de una determinada sociedad. Es cuando un educador sale de la línea general o del plano de comunicación que la sociedad establece, que se habla de educador poco ético. ¿Se tiene por tanto en cuenta socialmente, tras este breve comentario, la libertad en la educación y la posible neutralidad del individuo? Ciertamente, en el momento en el que un determinado individuo se encara al mundo defendiendo una postura no aceptada comúnmente, es señalado con el dedo y marginado. ¿Esto es lo que entendemos por respeto de valores diferentes de los nuestros en democracia? En mi opinión, esta es una actitud fascista en la que se oprime a aquel que goza desmarcarse de lo comúnmente establecido, que desprecia los valores de la libertad en la educación.

De esta forma, y volviendo así al hilo de la problemática, el educador debe enseñar bajo la ética de su sociedad, lo que le hace totalmente subjetivo a la hora de impartir sus conocimientos a otros, de tal manera que en nuestro caso se debería posicionar en contra de la legalización de las drogas, ya sean blandas o duras, e influenciar de tal modo a sus educandos para hacerles ver la innecesariedad de ese acto e inducirles al rechazo. El solo hecho de que esté mal visto por el resto de miembros del colectivo el consumo de drogas en público, debería frenar los impulsos de un individuo que se siente potencialmente excluido. Aunque si bien es cierto que la sociedad se hace poco a poco más permisiva, llegando a tocarse actualmente con total naturalidad una serie de temas que antes eran impensable, como es el ejemplo del aborto, y de tener que dejar de ir al extranjero para interrumpir un embarazo, ya que la sociedad actual ha perdido en parte aquellos valores cristianos que tan arraigados tenía desde la era franquista, y que miraba con malos ojos ese determinado tipo de acciones, este proceso se desarrolla muy lentamente, quizás demasiado en vistas de las actuales necesidades, hecho que puede producir la proliferación de acciones y actos como el citado, con la intención de presionar.

Para finalizar, me gustaría hacer unos breves apuntes sobre la anécdota y una conclusión de lo expuesto. Primeramente, y haciendo referencia al párrafo anterior, pude comprobar como este rechazo derivado de la diferencia de valores es real y palpable, y por lo tanto pude cerciorarme de que no vivimos actualmente en una sociedad avanzada basada, que pudiera basarse en la tolerancia. El hecho es que, en mi opinión, el motor de la historia ha sido siempre la superación y el perfeccionamiento de la sociedad, y por tanto, las sociedades cerradas no progresistas acaban siendo derrocadas por pequeños sectores evolucionistas que adaptan la sociedad al nuevo momento. Como conclusión podríamos extraer del texto las ideas que respectan a que el educador no debe estar a favor o en contra, independientemente de la sociedad, de un determinado elemento o situación, a que la imparcialidad en sociedad es imposible, y más si se tratan temas desde diferentes posturas, o que educación y ética deben estar siempre relacionados aún y cuando el conflicto de valores no se de en una sociedad democrática real.
 

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