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Diplomatura de Educación Social - 1997 / 1999 - Firehaired
EL LIDERAZGO
CONSIDERACIONES PREVIAS
En el ocaso del siglo XX, casi en los albores del XXI, parece inexplicable que
no esté totalmente definido y estructurado el término líderazgo. Aunque,
seguramente, no se hayan ahorrado esfuerzos durante todos estos años para hallar
unas conclusiones fidedignas y globalizadoras, el hombre no ha sido capaz de
desentrañar uno de los secretos más ansiados y codiciados. Inmersos como estamos
en una sociedad en continua evolución, cada vez más jerárquica, escapa a
cualquier concepción que unos seres inteligentes capaces de enviar especÍmenes
de su misma condición a pasearse por la Luna, no hayan sido capaces de descubrir
un misterio que nació con su civilización.
El líder nace o el líder se hace. Esta ha sido la dicotomía histórica a la que
se han enfrentado todos aquellos que pugnaban con este curioso fenómeno de las
relaciones interpersonales. Cada pensador ha aportado su granito de arena para
buscar una salida concluyente a este interrogante. Muchos han sido los que han
abordado el concepto, desde muy diversos enfoques, con mayor o menor éxito. En
su defensa cabe decir que se mueven en un terreno espinoso en tanto en cuanto se
refiere a la psicología humana.
Todo radica en ese amasijo gris que no somos capaces de dominar, que nos hace
ser iguales como especie, distinta de las demás, pero que nos diferencia como
individuos.
A nadie se le escapa la posibilidad de que, americanos, rusos, chinos,
árabes,... no hayan escatimado tiempo y dinero en descubrir la clave del éxito.
Aquel día que un hombre consiga explicar concisamente y sin divagaciones el
concepto, hallando su mecanismo de actuación, la humanidad dominará y
reproducirá el fenómeno. Este grial de conocimiento, filón de indescriptible
poder, ayudaría a la creación del líder perfecto. Únicamente deberíamos
adoctrinar a alguien con las potencialidades necesarias en aquellas materias
concretas para obtener una mezcla explosiva.
Esta concepción simplista del liderazgo tardará en poder demostrarse. Quizás no
se alcance jamás, ya que la psicología no es, precisamente, una ciencia exacta.
Hasta que no llegue ese día, nos conformaremos con estudiar a los pensadores que
han tratado el tema, intentando alcanzar alguna conclusión humilde.
Este trabajo parte de la ignorancia, en un intento por absorber los
conocimientos de prestigiosos investigadores, para finalizar con una cotidiana
conclusión (quizás no demasiado oficialista), lejana de aquellas doctrinas
teóricas ásperas.
A. PRIMERA PARTE
1. CONSIDERACIONES PREVIAS
1.1. INTRODUCCIÓN
El estudio del liderazgo ha ocupado un lugar predominante dentro de la
Psicología Social y, en particular, de la Psicología de Grupos.
Ahora bien, la enorme cantidad de estudios realizados bajo esta disciplina, más
que ofrecer una visión integradora de tal concepto, aporta un alto grado de
complejidad y fragmentación del mismo. Este hecho se pone de relieve tanto por
la diversidad de contextos en que se da, como por las numerosas formas en que es
definido y, en consecuencia, por los diferentes modos en que puede ser abordado.
Estos factores han contribuido al desarrollo de distintas teorías que han
tratado de dar explicación al fenómeno centrándose, para ello, tanto en los
rasgos o características de la persona que ejerce el papel de líder, como en los
aspectos relevantes de la situación en que se encuentra (y en la interacción
entre ambos), en los estilos de comportamiento que puede desempeñar, etc.
Determinadas limitaciones de las anteriores teorías parecen poderse superar a
través de un modelo alternativo que incorpora en su desarrollo importantes
contribuciones de distintas disciplinas y se asienta en principios sólidamente
fundamentados del aprendizaje social. Este modelo, cuya eficacia ha sido probada
en otros importantes ámbitos, concibe el comportamiento del líder en términos de
habilidad social, incorporando en su análisis un importante rigor metodológico y
orientándolo hacia aplicaciones prácticas.
1.2. BASES
Según Bass, “el estudio del liderazgo es un arte antiguo”. Se encuentran
discusiones sobre el tema desde la época clásica: tanto el pueblo Chino, como el
Egipcio y el Griego aportan sus concepciones y cualidades propias de lo que
ellos consideran liderazgo. Siguiendo con Bass, “los patrones de conducta
referidos como aceptables en los líderes difieren de una época a otra y de una
cultura a otra”.
El liderazgo ha sido objeto de atención por parte de diversas disciplinas,
fundamentalmente la Etología, Sociología, Ciencia Política y Psicología Social.
Dentro de esta última, se pueden situar los comienzos de la investigación
empírica propiamente dicha alrededor de los años 40, de forma principal en los
estudios de la Escuela de Lewin - Lewin, Lippit y White (1939); Lippit y White
(1943) -.
Se trata de un concepto clave en Psicología Social, y ello se ha reflejado en la
enorme cantidad de estudios que se han realizado al respecto, lo cual ha
provocado el desarrollo de un campo extenso, complejo y fragmentado,
caracterizado por la ausencia de un marco general común, de tal forma que se ha
llegado a decir que “el liderazgo es uno de los fenómenos más estudiados pero
menos extendidos sobre la Tierra” (Burns, 1978). En cualquier caso, “… el
liderazgo es uno de los procesos grupales básicos, y el fenómeno grupal sería
totalmente incomprensible si se prescindiera de él …” (Morales, 1985).
Habría que señalar, sin embargo, que el liderazgo abarca facetas distintas entre
sí, y que éstas no han sido estudiadas por igual; se ha estudiado bastante en
determinados sectores de la población (estudiantes, militares, ejecutivos), pero
en otros ha sido relativamente olvidado (políticos, lideres laborales, líderes
criminales). Quizá esto se deba a la inclinación más empírica que teórica de los
investigadores más recientes (Stogdill, 1974; Bass, 1981). De aquí surge el
hecho de que, efectivamente, hay diversos tipos de líderes, lo cual abre paso a
distintas categorías que los incluyen: líderes de masas, líderes
organizacionales e institucionales, líderes docentes, líderes estudiantiles,
líderes públicos (líderes legislativos y líderes transaccionales vs.
Transformacionales), líderes de opinión, líderes de grupos experimentales y de
pequeños grupos, líderes terapeuticos, líderes deportivos,…
1.3. LAS DEFINICIONES DEL LIDERAZGO
La definición del concepto permanece poco clara y sin acuerdo general. Ha habido
numerosos intentos de definición del líder, de los que caben destacar diversas
revisiones:
Gibb (1969) recoge numerosas definiciones que clasifica en ocho categorías desde
las que se entiende el liderazgo:
· Como individuo que realiza dicha ocupación.
· Como foco para la conducta de los miembros del grupo.
· En términos de elección sociométrica.
· Como el miembro que ejerce influencia sobre otros.
· Como influencia voluntariamente aceptada o compartida por los demás.
· En términos de influencia sobre la eficacia en la realización total del grupo
como tal.
· Como el miembro que practica conductas própias del liderazgo.
· En términos de la frecuencia y la multiplicidad o patrón de funciones de
liderazgo desempeñadas.
Por su parte, Stogdill (1974) y Bass (1981), tras revisar la diversidad de
definiciones existentes (incluyendo las anteriores), establecen las siguientes
categorías:
· Como foco o centro del cambio, actividad y proceso del grupo: Se dirige la
atención, fundamentalmente, a la importancia de la estructura y de los procesos
del grupo en el estudio del liderazgo.
· Como personalidad y sus efectos: Se pretende explicar por qué algunas personas
son más capaces que otras en el ejercicio del liderazgo. Solo atiende al efecto
de influencia en una dirección, sin reconocer las características recíprocas e
interactivas de la situación de liderazgo.
· Como el arte de inducir obediencia: Se enfatiza quizá aún más la visión del
liderazgo como un ejercicio unilateral de influencia, y como un instrumento para
moldear el grupo a la voluntad del líder. Se da poco reconocimiento de los
derechos, deseos y necesidades de los miembros del grupo o de sus normas y
tradiciones, lo cual puede llevar a defender estilos autoritarios de liderazgo,
despreciando al grupo.
· Como ejercicio de influencia: El concepto de influenciareconoce el hecho de
que los individuos difieren en el punto en el cual sus conductas afectan las
actividades de un grupo. Implica una relación recíproca entre el líder y
seguidores, pero no necesariamente cracterizada por dominación, control o
inducción de obediencia por parte del líder. Simplemente, el líder ejerce
determinado afecto sobre los comportamientos de los miembros del grupo.
· Como acto o conducta: El interés se centra en buscar definiciones que
proporcionen bases para la observación objetiva, descripción, medida y
experimentación.
· Como forma de persuasión: Algunos intentaron eliminar cualquier referencia a
la coerción de sus definiciones de liderazgo, mientras mantenían al mismo tiempo
el concepto del líder como un factor determinanteen la relación con los
seguidores. El uso de la persuasión parecía encajar en esta especificación. Este
punto de vista no ha sido muy influyente en la teoría e investigación. Sin
embargo, debido al hecho de que la persuasión es un instrumento poderoso para
moldear las expectativas y creencias – particularmente en asuntos políticos,
sociales y religiosos – debería merecer más atención de la que ha recibido en la
investigación sobre liderazgo; “Mucho de lo que ha sido aprendido de los
estudios de persuasión puede ser incorporado al entendimiento del liderazgo” (Bass,
1981).
· Como relación de poder: Se entiende el poder como una forma de relación de
influencia. Puede observarse que algunos líderes más que otros tienden a
transformar cualquier oportunidad de liderazgo en una relación de poder abierta.
De hecho, la alta frecuencia de esta observación, combinada con las frecuentes
consecuencias indeseables para individuos y sociedades, ha inducido a muchos
teóricos a rechazar la noción de liderazgo autoritario.
· Como instrumento para que el grupo logre sus metas y/o satisfaga sus
necesidades: Se reconoce el valor instrumental del liderazgo. Parece dudoso que
los grupos desarrollen estructuras de rol exclusivamente para la satisfacción
que unos pocos miembros de status puedan obtener. Más bien, el líder como un rol
diferenciado sería requerido como medio de integrar los demás roles del grupo y
mantener la unidad de acción en el esfuerzo del grupo hacia el logro de meta.
Por tanto, se define el liderazgo como una función crucial dentro del grupo.
· Como efecto de la interacción, de la acción del grupo: Se señala la
importancia del hecho de que el liderazgo surge del proceso de interacción en sí
mismo. Puede observarse que realmente existe sólo cuando es reconocido y
otorgado por otros miembros del grupo. No se trata sólo de una aceptación pasiva
del liderazgo. En realidad, normalmente se le otorga liderazgo a un individuo
porque exhibe conductas que despiertan las expectativas de los miembros del
grupo de que él, más que cualquier otro miembro, les serviría más útilmente como
líder.
· Como rol diferenciado: la teoría e investigación relacionada con el
reforzamiento, confirmación y estructuración de expectativas se aplica también
al problema del liderazgo. Se reconoce el liderazgo como un instrumento para
alcanzar unas metas, como un producto del proceso de interacción y como un rol
diferenciado.
· Como iniciación y mantenimiento de la estructura de rol: Se pretende definir
el liderazgo en términos de las variables que aumentan la diferenciación y
mantenimiento de las estructuras de rol en los grupos. Por este motivo, estas
definiciones parecen tener mayor utilidad teórica que aquellas que son más
concretas y descriptivas. Llevan a la consideración de los procesos básicos
incluidos en la emergencia del rol de liderazgo.
Stogdill (1974) y Bass (1981) concluyen, a la vista de los resultados de estas
revisiones, que hay poco acuerdo en el significado del concepto y en la forma de
unificar la teoría. En definitiva, la amplia variedad de definiciones del
liderazgo implica la ausencia de un marco general común, y por tanto, la
existencia de diversas teorías como aproximación al tema.
1.4. LIDERAZGO Y PODER
Finalmente, y antes de pasar a ver los diferentes enfoques del liderazgo,
convendría comentar brevemente algunos aspectos relativos al poder. Por de
pronto, señalar que ambos conceptos tienen puntos en común. Según Robbins, “los
líderes se valen del poder como un medio para alcanzar las metas del grupo.
Logran las metas, y el poder es un medio para facilitar sus logros”. Sin
embargo, también hay diferencias entre ellos:
· El liderazgo requiere cierta compatibilidad de metas entre líder y seguidores,
mientras que el poder no requiere de esa compatibilidad, sino sólo dependencia.
· El liderazgo, a diferencia del poder, se centra principalmente en la
influencia descendente en los subordinados, sin tener en cuenta la influencia
lateral y ascendente.
En cualquiera de los casos, y atendiendo al líder como sujeto que ejerce el
poder, habría que considerar diversos aspectos:
a) Bases del poder: Entendidas como las razones en que se basa el sujeto que
ejerce el poder para afectar a determinados sujetos, así como las razones
deéstos para ceder a las demandas de aquel, habría que considerar las propuestas
por French y Raven:
1. Poder de experto: Se basa en que los destinatarios atribuyan una habilidad o
conocimiento superior al agente de poder.
2. Poder referente: Deriva de un sentido de identificación mútua, en el que el
destinatario experimenta la sensación de unidad con el agente y siente que desea
ver las cosas de modo similar.
3. Poder de recompensa: Los sujetos se someten a los deseos de otro porque ello
les acarreará beneficios; por tanto, el que distribuye premiosejercerá poder
sobre ellos.
4. Poder coercitivo: Se fundamenta en el miedo de los sujetos a que, si no se
someten, reciban cualquier tipo de castigo.
5. Poder legítimo: Descansa en las normas y expectativas que mantienen los
miembros del grupo en cuanto a los comportamientos apropiados en una posición o
rol determinados. Se basa en la relación estructural entre el agente de poder y
el destinatario.
6. Poder informacional: Se basa en la información o argumentación lógica que el
agente de poder presenta al destinatario con el propósito de lograr el cambio.
Las bases del poder se refieren a aquello que controla el sujeto y que le
permite manipular la conducta de oros. El éxito de un líder depende, en buena
parte, de las bases de poder que utilice, así como de lo hábil que sea en
hacerlo.
b) Los costos que supone a determinado agente ejercer el poder sobre otro.
c) La motivación para ejercer poder; poseerlo no implica ejercerlo.
d) La intención: es necesario que haya una intención de afectar a la conducta de
otro; no se da poder cuando los efectos son accidentales.
Dentro de una relación de poder habría que aludir, evidentemente, al
destinatario, al menos en los siguientes aspectos:
a) Número de estados o conductas del destinatario que están bajo el poder de
eterminado agente.
b) Procesos psicológicos: obediencia, interiorización e identificación, aspectos
perceptivos, motivacionales, procesos de resistencia,…
Por último, y para terminar estas breves referencias al tema del poder, habría
que hacer referencia a dos cuestiones importantes:
1. La distinción entre poder e influencia, estando más relacionado el primero
con el ejercicio de cierto grado de control sobre personas, cosas o
acontecimientos, y la segunda con el ejercicio de la persuasión más que de ese
control.
2. El ejercicio del poder con distintos objetivos: conseguir los fines de la
organización, o conseguir beneficios o proteger intereses personales.
2. DIVERSOS ENFOQUES EN EL ESTUDIO DEL LIDERAZGO
La complejidad a la hora de definir el liderazgo se refleja en una amplia
diversidad de enfoques o modos de acercarse al fenómeno. A modo de resumen de
los trabajos de los distintos autores, se pueden considerar los siguientes
enfoques:
a) La teoría del gran hombre, según la cual el líder ha nacido como tal, y no se
ha hecho después. Esta teoría sirve de base a la monarquía, en la que se nace
rey.
b) La teoría de los rasgos, que afirma que el lider posee unos rasgos
característicos que le diferencian de los demás. Tales rasgos pueden ser
fisiológicos (talla, estatura, fuerza, timbre de voz,…) , intelectuales
(inteligencia, vivacidad de espíritu) o psicológicas (estabilidad emocional,
empatía, capacidad de percepción, etc.).
c) El enfoque situacional, según el cual a cada situación específica le
corresponde un líder específico. Éste es el individuo capaz de conducir al grupo
hacia un objetivo hacia un objetivo común y de obtener el consentimiento de los
demás en un momento determinado de la história del grupo.
d) El enfoque funcional, según el cual el líder es el que desempeña una función
adecuaamente una función necesaria para la supervivencia del grupo. Se trata, en
este caso, de un comportamiento específico orientado hacia un fin específico.
e) El enfoque empírico considera que el líder es la persona elegida por los
miembros del grupo como líder. Se trata de una elección sociométrica, en la que
el líder se revela como personaje central del grupo.
f) El enfoque institucional o sociológico se basa en el status ocupado por el
líder en relación con las demás posiciones en el seno del grupo. El líder es
quien tiene la posibilidad de que una orden suya, con un contenido específico,
sea ejecutada por un grupo dado de personas.
g) El enfoque cogniscitivo, según el cual el líder es designado por sus
cualidades de experto y por la fama de su conocimiento y de su experiencia en un
dominio que interesa al grupo. El líder está investido de un prestigio
carismático y encarna el yo colectivo. También puede definirse entonces al líder
como individuo capaz de hacer avanzar al grupo en alguna de las dimensiones de
su sintalidad (grado de eficacia con el que el grupo persigue sus objetivos).
h) El enfoque naturalista afirma que el líder posee de ordinario una fuerte
personalidad, se expresa facilmente y con mucha convicción. La influencia que
ejerce sobre el grupo proviene de su facilidad para comprometerse e implicarse.
El liderazgo es aquí considerado en términos de conductas de autoridad o bajo el
ángulo del proceso de influencia.
La multiplicidad de enfoques, tanto psicológicos como empíricos, impide la
elaboración de una noción unitaria del liderazgo. Y es sin duda por esta razón
que, desde hace unos quince años, los investigadores se han dedicado más a
estudiar la conducta de los líderes que no sus rasgos individuales o las
situaciones en que viven.
Hemphill fue uno de los precursores de este nuevo enfoque, y su máxima fue:
“Ejercer un liderazgo es preocuparse por establecer una estructura
interrelacional que lleve a la soluciónde un problema común”.
En tal caso, los conductores pueden ser reconocidos por la frecuencia con que
los actos que realizan arrastran al grupo en la búsqueda de sus objetivos. Sin
embargo, ¿cómo advertirán el propio conductor, los miembros del grupo y el
observador cuando el gesto del líder es un verdadero acto de liderazgo?
Para resolver esta dificultad – ya que numerosas investigaciones evidenciaban
variaciones muy grandes en la conducta de los líderes según las situaciones –
Halpin distinguió entre liderazgo, es decir, ciertas cualidades y capacidades
intrínsecas a la persona misma del líder, y conducta de líder, es decir, los
actos de liderazgo que en el se observan.
Halpin afirma, además, que el término liderazgo suele provocar en nuestro
espíritu un juicio de valor sobre la persona que lo ejerce. Así, cuando pensamos
en el liderazgo, infaliblemente nos viene a la mente un líder autoritario o
democrático, bueno o malo, eficaz o ineficaz. Nos sentimos inclinados, entonces,
a evaluar a la persona más que a describir lo que ésta ha hecho en el interior
del grupo.
Lo importante no consiste en iniciar una polémica que determine cuál es el
término que hay que utilizar: liderazgo o conducta de líder. Lo esencial es
comprender que el liderazgo debe ser estudiado en tanto que conducta, y definido
como un acto realizado por un individuo en un grupo dado y en una situación
determinada, acto que tendrá como consecuencia un influjo sobre el grupo y una
ayuda a alcanzar sus objetivos, a la vez que permite una mayor satisfacción de
las necesidades individuales de los miembros.
2.1. EL LÍDER COMO PERSONA: LA NATURALEZA INTRÍNSECA
La idea de que los “líderes naces, no se hacen”, si bien ha sido ampliamente
contestada, ocupa un importante lugar en la história del estudio del liderazgo.
Desde esta concepción se enfatizan los atributos personales del líder; en
definitiva, la naturaleza intrínseca del liderazgo.
Según Bass, “para muchos la Historia se moldeó por el liderazgo de los grandes
hombres”. Partiendo de los estudios de Galston sobre los antecedentes
hereditarios de los grandes hombres, se empezaron a desarrollar explicaciones
del liderazgo basadas en la herencia. Partiendo de ese punto, Woods llegó a
sentenciar que el hombre hacela nación, y la moldea según sus capacidades. Por
su parte, Wiggam propuso que la supervivencia de los más adaptados y del
matrimonio entre ellos producía una clase aristocrática que difería
biologicamente de las clases más bajas. Dowd recalcó que existían diferencias en
inteligencia, energía y fuerza moral entre los sujetos, y que las masas siempre
son dirigidas por unos pocos que son superiores.
En resumen, desde el enfoque del “gran hombre”se considera que el líder es una
persona innatamente superior, independientemente del contexto histórico y
situacional del grupo. Es la persona líder la que determina el mejor
funcionamiento y satisfacción de los miembros del grupo.
2.2 EL LIDERAZGO COMO CONDUCTA: LOS DIFERENTES ESTILOS
Se estudia el liderazgo en términos de lo que los líderes hacen (conductas);
estas conductas se pueden aprender y entrenar. Se intenta distinguir los estilos
más eficaces (entendiendo por estilo la conducta habitual de un individuo cuando
dirige las actividades de un grupo hacia objetivos compartidos, y por eficacia
la productividad y satisfacción de los miembros del grupo).
Diversas investigaciones se han centrado en los estilos asociados a la forma de
ejercer el poder; más concretamente, tres han sido los estilos estudiados:
a) Autocrático: Todos los actos están determinados por el líder; marca la
actividad a seguir y adjudica los compañeros de trabajo; hace elogios y críticas
a nivel personal.
b) Democrático: Todos los actos se discuten a nivel grupal; aconseja cuando se
le requiere, dando diversas alternativas de trabajo: permite a los miembros del
grupo seleccionar sus compañeros de trabajo; hace críticas y elogios objetivos,
y se sitúa como un miembro más del grupo.
c) Liberal (Laissez-faire): No participa en la toma de decisiones; no interviene
en las discusiones, limitándose a dar algo de información cuando se le requiere;
apenas hace comentarios sobre las actividades de los miembros, a menos que se le
pregunte; no intenta modificar los hechos.
En uno de los primeros estudios consagrados al análisis del liderazgo en
diferentes atmósferas experimentales, Lewin, Lippit y White han comprobado los
cuatro puntos siguientes:
1. Los grupos autocráticos y de laissez-faire evidenciaban menos originalidad en
su trabajo que los grupos democráticos. Por otra parte, la autocracia no se
revelaba más eficaz que la democracia.
2. En los grupos autocráticos, había más dependencia y menos individualidad.
3. Con un líder democratico, se registraba mayor benevolencia y espíritu de
grupo.
4. Bajo la dirección de líderes autocráticos, se producía una mayor hostilidad y
agresión manifiestas y latentes, comprendida la agresión contra las cabezas de
turco.
Este estudio se llevó a cabo sobre la base de unos niños de diez años de edad,
del Middle West norteamericano, y los climas de autocracia, de democracia y de
laissez-faire fueron simulados. Sin embargo, los resultados obtenidos coinciden
suficientemente con otros conocimientos sobre los grupos como para inducirnos a
llevar más lejos el razonamiento y la experimentación.
2.3. EL LIDERAZGO DE SITUACIÓN: ENFOQUE AMBIENTAL
Este enfoque surge como respuesta al anterior y a sus limitaciones. Numerosos
autores señalaron que el surgimiento de un gran líder era resultado del tiempo,
del lugar y de las circunstancias. Lo que hacía el gran hombre estaba
determinado por su ambiente histórico.
Mumford señaló que los líderes que surgen dependen de las capacidades y
habilidades requeridas en el momento de resolver los problemas sociales que
existen en tiempos de estrés, cambio y adaptación.
Bogardus afirmó que el tipo de liderazgo que un grupo puede desarrollar o
aceptar estará determinado por la naturaleza del grupo y de los problemas que
deba resolver. Person propone dos hipótesis que dan cuenta el liderazgo:
a) Cualquier situación particular juega un gran papel a la hora de determinar
las cualidades del liderazgo y el líder para esa situación.
b) Las cualidades de un individuo que una situación particular puede determinar
como cualidades de liderazgo, son por sí mismas el producto de una sucesión de
situaciones importantes de liderazgo que han desarrollado y moldeado a ese
individuo.
El problema de este enfoque es que era tan extenso como el de los rasgos. Por
otra parte, no permitió establecer una distinción adecuada entre demandas de la
tarea (aspecto que recibió la mayor atención) y estructura, historia, tamaño, y
recursos del grupo, así como del contexto. Además se separaba en exceso aspectos
que no lo estaban tanto: líder y situación. Sin embargo abrió la puerta a la
consideración de los factores situacionales en el estudio del liderazgo.
3. TEORÍAS DE LA CONTINGENCIA
Enfatizan los aspectos contingentes de la relación entre el estilo del liderazgo
y variables situacionales, con vistas a la eficacia de la conducta del líder.
El modelo del continuo autocrático-democrático, estudia el comportamiento
autocrático y democrático, que más que dos únicas posturas extremas (como se
considera desde un enfoque conductual), son dos de las posturas posibles a lo
largo de un continuo. Este contínuo estaría delimitado, en un extremo, por un
líder que toma las decisiones unilateralmente y pretende que sus subordinados le
obedezcan; en el otro extremo, estaría el líder que comparte la toma de
decisiones con sus subordinados por igual. Entre estos dos extremos se situarían
diversos estilos: centrado en el líder, el líder vende la decisión, el líder
presenta ideas y desea preguntas, el líder presenta una decisión tentativa
susceptible de cambio, el líder plantea un problema, obtiene sugerencias y toma
decisiones, el líder pide tomar decisión tras definir los límites del grupo, y
centrado en los subordinados; la elección de uno u otro dependería del grupo y
de la situación (factores que actúan sobre el líder). En general, de la
investigación realizada bajo este marco, se puede concluir que los estilos más
democráticos son los que más satisfacción producen, si bien no está claro que
siempre favorezcan la productividad.
Fiedler fue el primero que propuso relaciones de contingencia en el liderazgo.
Considera que el agente es el líder (variable independiente) y su influencia
depende de elementos situacionales (variables moduladoras).
El liderazgo efectivo se produce como resultado de la equiparación entre el
estilo y el grado de favorabilidad de la situación o control situacional. Los
factores que determinan la favorabilidad son:
· La relación entre el líder y los miembros
· Estructura de la tarea
· Posición de poder del líder
Los principios fundamentales de esta teoría son:
a) La eficacia del grupo depende de la contingencia del estilo del líder con la
situación específica de que se trate. Por tanto, un mismo líder puede ser eficaz
para unas circunstáncias e ineficaz para otras.
b) El estilo de liderazgo depende, a su vez, de cómo la situación del grupo le
permite ejercer su influencia de una u otra manera.
c) Teniendo en cuenta las anteriores, se busca alterar las condiciones en que se
desenvuelven tanto el líder como el grupo, buscando un liderazgo eficaz.
Fiedler define el líder como aquel individuo que dirige y coordina la tarea del
grupo, ya sea por designación o por elección; en aquellos casos en que no exista
un proceso de elección o designación, será líder aquella persona que aparezca
como más influyente y/o preferida por los miembros del grupo y sobre la cual
recae la responsabilidad de dirigir al grupo a la consecución de sus objetivos.
Otras teorías que se podrían enmarcar en este punto odrían ser la de expectativa
de meta, el modelo normativo de participación en la toma de decisiones, y la
teoría centrada en los subordinados.
4. EL LIDERAZGO COMO INTERACCIÓN
El enfoque transaccional, formulado por Hollander, tiene sus raies en las
Teorías del Intercambio. Se entiende el liderazgo como el resultado de la
interacción y transacción entre los actores (líder y seguidores). Se pone el
énfasis en el proceso de influencia mutua, que lleva consigo un intercambio
social por el cual se ofrecen y obtienen beneficios. Los líderes proporcionan
recompensas y reducen costes a los seguidores a cambio de un balance equitativo
de recompensas y costes para ellos mismos. Los líderes funcionan generalmente
como distribuidores de recursos, y la equidad debe ser una norma seguida por
ellos.
Se considera el liderazgo como un rol y no como un estilo. El papel de líder
cambiará según vayan cambiando los objetivos, las expectativas o las tareas. Los
líderes influyen en los seguidores dando estructura al grupo y contribuyendo al
desarrollo de las normas grupales y contribuyendo a la satisfacción de los
miembros. Los seguidores influyen en el líder concediendo un estatus a la
posición de liderazgo, dándole libertad para ser innovador, dándole capacidad de
influirles y dándole información sobre su actuación. Ambos crean y comparten una
atmósfera común del grupo: confianza mutua, equidad, información.
El liderazgo es dinámico, variable y evolutivo. Los componentes que caracterizan
principalmente al líder son la alta participación en las discusiones de grupo,
sobre todo en la resolución de problemas y hacer cosas propias de los líderes,
con lo cual refuerzan su legitimidad ante los seguidores.
Uno de los principales problemas de este enfoque estriba en que no se definen
las variables situacionales tan claramente como, por ejemplo, lo hacen los
teóricos de la contingencia.
5. APROXIMACIÓN HUMANISTA
Este enfoque enfatiza la influencia de la calidad de las relaciones
interpersonales en la efectividad del liderazgo.
McGregor desarrolla sus teorias X e Y caracterizadas por sus posiciones
radicalmente opuestas respecto al modo de ejercer el liderazgo:
· Teoría X: Refleja el punto de vista tradicional sobre la dirección y el
control. Concibe a las personas comunes como poco motivadas por el trabajo y
propone, por tanto, una dirección de control.
· Teoría Y: Defiende la integración de los intereses individuales con los
objetivos de la organización. Concibe a las personas como orientadas a la
producción y al bienestar y proporciona, desde este enfoque, una dirección que
delegue responsabilidades y procure la estima del subordinado.
Señala McGregor que la función del liderazgo consiste en modificar la
orgaización a fin de proporcionar libertad a los individuos para que puedan
motivarse a desarrollar su potencial para la satisfacción de sus propias
necesidades humanas, contribuyendo al mismo tiempo al logro de los objetivos
organizacionales. En resumen, se trata de armonizar los intereses de la
organización con la realización personal de los individuos que trabajan en ella.
Por su parte, Argyris percibió un conflicto fundamental entre la organización y
el individuo. Puesto que es natural en las organizaciones estructurar los roles
de los miembros y controlar la actuación con el interés de alcanzar los
objetivos específicos y, asimismo, también es natural en el individuo ser
auto-directivo y buscar la satisfacción por medio del ejercicio de la iniciativa
y la responsabilidad, una organización será más eficaz cuando su liderazgo
proporcione los medios por los que los seguidores puedan realizar una
contribución creativa a la mismacomo una consecuencia natural de sus propias
necesidades de crecimiento, autoexpresión y madurez.
El problema principal de este enfoque estriba en no considerar que distintos
grupos requieren distintos tipos de dirección que, a su vez, dependen de las
características del grupo, del tipo de tarea a desempeñar y del contexto
organizacional en que se encuentren.
6. ENFOQUES COGNITIVOS
Numerosos estudios han aplicado los principios de la teoría de la atribución al
tema del liderazgo. En general, el foco de atención se ha centrado en:
· Autopercepción por parte de la persona considerada como líder: Pfeffer afirma
que cada sujeto tiene su propia concepción de liderazgo y que, para entender la
conducta de un líder, habría que saber que piensa sobre la situación en que se
vería como tal.
· Percepción del líder por parte de los sujetos: El que se considere que alguien
actúa como líder o no depende de las teorías implícitas sobre el liderazgo que
tengan los demás. Se observa el comportamiento de los líderes y se infiere que
las causas de estos comportamientos son diversos rasgos personales o
limitaciones externas. Si tales causas encajan con las asunciones ingenuas del
observador sobre lo que deberían hacer los líderes, entonces calificará y
describirá las acciones de esos sujetos como propias del liderazgo.
· Percepción de los subordinados por parte del líder: Los líderes pueden valorar
a sus subordinados em función de los resultados de las acciones que éstos lleven
a cabo. Green y Mitchell formularon un modelo para estudiar tales procesos
atribucionales en los líderes. Por ejemplo, ante un desempeño pobre por parte
del subordinado los líderes se forman una teoría sobre el subordinado y la
situación, juzgando que la causa fue debida a la personalidad, capacidad o
esfuerzo del subordinado, o se debio a factores externos tales como falta de
apoyo, dificultad de la tarea o información insuficiente. Se atribuye más la
causalidad al subordinado que a la situación si aquel ha tenido una pobre
historia de desempeño y si los efectos del mismo han tenido graves resultados.
El líder centrará la acción correctora en el subordinado antes que en la
situación en tales circunstancias, incluso si en realidad fue la situación la
que causó el problema.
Por otro lado, varios autores psicoanalíticos, desde el propio Freud, han
tratado el tema del liderazgo, encontrando a la persona que lo encarna como la
figura del padre, como fuente de amor y de temor, como salida emocional para la
agresiones y frustraciones de los seguidores,…
Dentro de este punto también podríamos destacar la importancia del enfoque de
las habilidades sociales aplicado a las conductas del líder.
B. SEGUNDA PARTE
1. EL LIDERAZGO CARISMÁTICO
Hasta aquí hemos analizado diversos aspectos del liderazgo que han sido
abordados de manera casi siempre empírica desde el punto de vista de la
Psicología Social. Todas las teorías estudiadas pueden agruparse en lo que Bass
llama liderazgo transaccional, es decir, en todas ellas se reconoce el
establecimiento de una especie de transacción entre el líder y los miembros de
su grupo. Los miembros del grupo reconocen al líder como tal y aceptan su
autoridad, pero el líder debe aportar recursos valiosos para el grupo. Como
hemos visto, tales recursos pueden ser, en algunos casos, los conocimientos y la
experiencia del líder que facilitan la consecución de los objetivos y, en otros,
recompensas de otro tipo tales como aumentos de sueldo o el reconocimiento de
una labor bien hecha.
Sin embargo basta echar una mirada a los libros de historia y a los periódicos
para darse cuenta de que existe otro tipo de liderazgo que trasciende cualquier
intercambio y que provoca importantes efectos tanto en los seguidores en
particular como en la sociedad en general: el liderazgo carismático.
Pues bien, este tipo de liderazgo no habia sido tenido n cuenta, hasta hace muy
poco tiempo, por la Psicología Social. Este olvido puede considerarse lógico
hasta cierto punto, pues la Psicología Social trata de abordar los fenómenos que
estudia desde un punto de vista empírico, y el liderazgo carismático es muy
dificil de abordadar de esta manera. Esta dificulatad proviene, en primer lugar
de las connotaciones místicas y de la ambigüidad del término carisma, como
demuestra el hecho de que después de décadas de analizar este fenómeno,
sociólogos, politólogos, historiadores y filósofos todavía no se han puesto de
acuerdo ni en su definición ni en su naturaleza.
Por otra parte, la ausencia de un marco teórico dificulta la operacionalización
tanto del carisma como de aquellas circunstancias que intervienen en su
desarrollo, y, por si esto fuera poco, el acceso tanto a líderes carismáticos
como a sus seguidores es muy difícil.
No obstante, esta situación está cambiando rápidamente, pues en los últimos años
tanto psicólogos sociales como organizacionales han empezado a estudiar
empíricamente el liderazgo carismático. Para que esto haya sucedido ha sido
necesario dejar de pensar que el liderazgo carismático es un fenómeno
impredecible, que se da solamente en casos aislados y en circunstaancias
históricas excepcionales, y pasar a concebirlo como un proceso hasta cierto
punto general que se puede dar, en mayor o menor grado, en todas las
organizaciones sociales.
2. APROXIMACION EMPÍRICA AL LIDERAZGO CARISMÁTICO
En su libro de 1989, Conger estudia el carisma analizando detalladamente a
cuatro líderes carismáticos y a cuatro no carismáticos mediante cuestionarios y
entrevistas que pasó a los propios líderes como a las personas que trabajaban
estrechamente en contacto con ellos. De su análisis se desprende que el carisma
es una atribución que los seguidores realizan basándose en ciertas conductas del
líder. Las principales acciones del líder que producen la atribución de carisma
por parte de sus subordinados son:
a) Discrepancia con lo establecido (status quo) y deseos de cambiarlo
b) Propuesta de una alternativa (visión) que ilusione y convenza a los
seguidores
c) El uso de medios no convencionales e innovadores para alcanzar este cambio
d) Ser capaces de asumir altos riesgos personales y/o dañar sus propios
intereses con tal de conseguir sus objetivos
Entre las principales características que diferencian a los líderes carismáticos
de aquellos que no lo son estarían el número de conductas carismáticas, la
intensidad de tales conductas y la relevancia de dichas conductas para la
situación. Para Conger, el líder carismático es capaz de transformar la
organización o la entidad social de la que forma parte a través de cuatro
etapas:
a) En la primera etapa, el líder carismático es capaz de percibir las
deficiencias en la situación existente, sentir la necesidad de cambio y formular
una nuevavisión. Se entiende por visión una imagen del futuro de la organización
formulada por el líder y que resulta altamente atractiva para los miembros de la
organización.
b) En la segunda etapa, el líder carismático debeser capaz de transmitir a los
miembros de la organización la importancia de su visión y de inculcar en sus
seguidores la necesidad del cambio en el sentido por él indicado. Para ello es
necesario que el líder carismático sea un buen comunicador.
c) En la tercera etapa, el líder carismático debe ser capaz de inspirar en los
miembros de su organización una gran fe y confianza tanto en él, como en la
visión que sostiene. Esto puede lograrlo de varias maneras: asumiendo riesgos
personales, mostrando que no hace las cosas buscando un beneficio personal,
demostrando una total dedicación a la causa y demostrando que es el que más sabe
en los asuntos relacionados con la visión.
d) Finalmente, y una vez cubiertas las etapas anteriores, el líder carismático
consigue que su misión sea asumida por los miembros de la organización y, a
través de su ejemplo personal y de la fuerte identificación producida, logar que
los seguidores adquieran una gran confianza en sí mismos y, en definitiva, que
la visión inicial se cumpla.
C. TERCERA PARTE
CONCLUSIÓN
Partiendo de lo dicho hasta ahora, no sería descabellado decir que una masa
social sin líderes sería como un conjunto de activistas dispersos, carentes de
estructura y de unidad. Esto equivale a decir que una sociedad sin líderes es
imposible. En toda sociedad hay cierta presión hacia la centralización del mando
y existe la convicción de que la carencia de una estructura unificada el
volvería débil e ineficaz. Por ello encontramos siempre una cúpula rectora, en
la que los líderes suelen estar jerarquizados, dirigiendo y organizando,
garantizando así la continuidad y estabilidad social.
Si consideramos cierta la consideración anterior y asumimos la imagen del ser
individual como elemento de esa colectividad a la que llamamos masa social,
podemos ver que el fenómeno mencionado se reproduce en otras escalas inferiores,
llegando a representarse en una relación personal básica, es decir, en aquella
en la que intervienen únicamente dos sujetos.
La vida está repleta de pequeños líderes, algunos que nos pasan desapercibidos y
otros que ni siquiera saben que lo son. Cada persona reune una série de
determinadas habilidades que le hacen propicio para desempeñar una determinada
acción.
Si nos basamos en la concepción de liderazgo generalista, lejana a la condición
individual, podemos pensar que un líder es aquel que conduce a un gran número de
personas hacia un bien comín. El político podría ser la figura que primero
aparecería en nuestras mentes como estereotipo de esta determinada noción de
liderazgo.
En mi opinión no es este el tipo de liderazgo más importante. Un líder
verdaderamente valioso es aquel que parte de objetivos más sencillos y directos,
una persona que deba combatir el día a día para reafirmar su posición. Este
líder debería haber sido escogido por el grupo influenciado, y no como esos
políticos que nos ponen a dedo encabezando las listas electorales
(Afortunadamente el fenomeno de primarias, pese a que limitado, va camino de
resolver este problema).
Coincidiremos en decir que no hay un líder para todos los casos, pero sí uno
para cada caso. No existe la persona que sea capaz de desenvolverse con total
naturalidad en cualquier situación que requiere de una condición de liderazgo.
Por el contrario, sí podemos afirmar que una serie de personas determinadas
reunirían las cualidades necesarias para formar un grupo de trabajo con función
de líder.
Según lo dicho anteriormente, a nadie escapa la razón de la división actual de
los países en materia de gobierno. No hay ningún país, por muy dictatorial que
sea, que mantenga exclusivamente a una persona como responsable de todas las
labores de Gobierno. Todas las naciones reparten las funciones o delegan en
diferentes personas. El problema radica en como se hace y a quien se otorga este
poder parcial.
Si nos fijamos en nuestro actual Gobierno podemos reflexionar más profundamente
sobre lo dicho hasta ahora. El Partido Popular, partido de “centro” español,
gana las últimas elecciones generales. Su líder, Jose Mª Aznar, se erige como
Presidente del Gobierno. No es un personaje carismático, pero supo recoger de
forma correcta el testigo de Manuel Fraga y ser el azote del felipismo. De
talante oportunista, supo sacar tajada de los desmanes socialistas de la última
época, haciéndose realidad aquella famosa frase suya: “Vayase, Sr. González”.
Los despropósitos se suceden ininterrumpidamente. A un equipo sin experiencia de
gobierno se le acumula el trabajo. Quizás sea por ello que la cúpula dirigente
decide reforzar algunos frentes de actuación, aquellos que consideran
primordiales, en detrimento de otros, más secundarios. No es de extrañar que
focalicen sus fuerzas en la batalla económica, ya que la mayoría precede ( y
procede de) a una generación de acaudalados fascistas. La guerra por aprobar el
examen de Maastrich y entrar en el grupo de cabeza del Euro, se ha reforzado
gracias al menosprecio de Asuntos Sociales, Sanidad, Educación, Deportes,…
El problema de los otros ministerios es que sus responsables son unos completos
ignorantes acerca de las materias que les competen directamente. ¿No sería lo
más lógico conceder ministerios de Agricultura a ingenieros agrónomos con
amplios conocimientos del campo?¿El ministerio de Medio Ambiente no debería
recaer sobre Educadores ambientales?¿El ministerio de Educación no debería
ostentarlo un pedagogo?¿El de Cultura un artista?
Como podemos apreciar, excepto en contadas ocasiones, se otorgan los ministerios
a personas que no son especialistas. Díficilmente se dejará la economía del país
a cargo de alguien que no sepa de la materia, pero claro, la educación, la
cultura, el medio ambiente,… son áreas a las que cualquiera puede tener acceso.
Esta crítica se podría hacer extensiva al resto de naciones del mundo, y quizás
ayudaría a fundamentar una concepción más profesional del liderazgo.
En resumen, un gobierno democrático podría quedar configurado del siguiente
modo:
a) Líder visible: persona que representa al colectivo y que se encarga de
dinamizarlo y coordinarlo.
b) Lideres ocultos: personas que adquieren el verdadero protagonismo en cada
área determinada, pero que se subordinan al anterior.
Los líderes ocultos no tienen que ser necesariamente personas aisladas. Al
frente de cada ministerio se podría reproducir el esquema general de gobierno,
con un líder visible, pero estar a su vez formado por un equipo de especialistas
que trabajen conjuntamente y que esten a su vez subordinados al jefe de equipo.
Pese a que nunca veremos un gobierno con estas características, ¿no sería una
muestra palpable de liderazgo compartido y eficaz? Seguramente ayudaría a
erradicar esa concepción de líder solitario y omnipotente, substraida de las
sagradas escrituras.
Un líder moderno no tiene porqué dominar todas las materias, sino ostentar la
condicón de especialista, de este modo poder ser más cercano y accesible.
Tras este entramado podríamos descubrir la multiplicidad de líderes a pequeña
escala existentes en sociedad, representados incluso en el própio núcleo
familiar.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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