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Diplomatura de Educación Social - 1997 / 1999 - Firehaired
EVOLUCIÓN PEDAGÓGICA
El
fenómeno de la educación es tan viejo como el mundo. Se trata de un fenómeno
humano y social que resulta para el hombre tan connatural como el hablar, el
trabajar y el relacionarse. Una sociedad humana sin educación resulta
impensable, pues la educación es el recurso de esa sociedad para asimilarse a
los nuevos miembros nacidos en su seno inculcándoles las pautas y normas del
grupo.
Cada país, pues, ha educado de acuerdo con su cultura y sus peculiaridades
sociales. Con eso la historia de la educación viene ligada a la evolución de las
civilizaciones. La Pedagogía de cada época es, ciertamente, una de las
manifestaciones del humanismo subyacente a ella.
En la antigüedad la educación transmitía a los individuos las tradiciones e
ideas propias de su pueblo. Era una educación típicamente familiar, empapada a
menudo de concepciones religiosas. Las primeras escuelas surgieron en el ámbito
sacerdotal, que era el círculo depositario de la cultura; en ellas se formaban
los médicos, los astrólogos y los escribas, como ocurría en Egipto y en
Mesopotamia.
La aparición de la escuela popular significa una vulgarización del saber que iba
a hacer a las personas eficientes en la productividad social. Desde entonces la
educación se ha convertido en un importante factor de desarrollo. La educación
institucional se orientaba unas veces al cultivo de los intereses nacionales,
como ocurría en Esparta; otras veces se abría más a una cultura humana, como es
el caso de Atenas: el movimiento de los sofistas puso en marcha una paideia que
ha quedado como ejemplo de ideal educativo. En Roma la educación tomó – como
todo – un sentido más práctico, preparando al ciudadano cabal.
Los métodos didácticos eran elementales y el régimen educacional era
autoritario. Así siguieron las cosas en la Edad Media, tras el colapso cultural
que supuso la invasión de los bárbaros. El cristianismo había aportado nuevos
contenidos a la educación, la cual fue progresando muy lentamente, durante
largos siglos de oscurantismo y de rutina, hasta desembocar en el pletórico
Renacimiento.
Pero la cultura humanística de comienzos de la Edad Moderna fue patrimonio solo
de unos cuantos: el pueblo permanecía ignorante y apenas alcanzaba los
rudimentos del saber. Algunas órdenes religiosas trabajaron en la instrucción
del pueblo, pero solo con el siglo XVIII, época de la Ilustración, surgió la
preocupación moderna de escolarizar a toda la infancia.
El Estado iba a tomar cartas en el asunto a partir de la Revolución Francesa,
durante la cual se planificó por primera vez la educación nacional, haciéndola
obligatoria a todos y gratuita. La elevación del nivel cultural del pueblo, en
efecto, era una condición indispensable para el establecimiento de la
democracia. Este ejemplo cundiría en todos los países, los cuales, unos tras
otros, han ido esforzándose en realizar y mejorar la educación de todos sus
ciudadanos.
En los tiempos modernos el mundo no solamente se ha racionalizado (fenómeno de
la secularización) sino que, además, se ha tecnificado. Esto ha supuesto cambios
importantes en la orientación de las enseñanzas. Por un lado se han ido
modificando los contenidos ideológicos de las mismas, mientras que por otro la
clásica formación literaria ha debido ceder terreno al aprendizaje de las
ciencias y de la tecnología.
Hoy día la educación no se concibe ya sólo como un perfeccionamiento personal
del individuo sino como una preparación del mismo para la vida profesional. Por
consiguiente, se hallan interesadas en ella, además de cada sujeto, el propio
país, que mediante la educación forma su población activa y, de este modo,
construye la base de su prosperidad material.
La educación, pues, ha desbordado el clásico marco de procurar el
desenvolvimiento armónico de la persona para convertirse en asunto de interés
nacional e internacional. Actualmente, quienes más se preocupan de organizar la
educación son los planificadores del desarrollo económico; por encima de unos
maestros humanamente dedicados a buscar el bien de cada uno de sus alumnos, la
educación constituye, en todas partes, un asunto político, social, económico y
tecnocrático.
EVOLUCIÓN DE LA PEDAGOGÍA
La pedagogía consiste en la teoría de la educación. Por lo mismo podrá parecer
que ha ido siguiendo los pasos de la marcha de la educación, pero eso no es del
todo exacto por extraño que parezca – en efecto – cabe realizar una práctica
educadora sin que se haya elaborado su correspondiente teoría. Esto es más bien
lo que ha pasado casi siempre. El cultivo de la teoría pedagógica ha ido
siguiendo, más que al hecho de la educación, a la aparición sucesiva del saber
especulativo del cual es una buena muestra.
Ocurre, por ejemplo, que la educación se ha dado siempre y en todas partes, y la
pedagogía, en cambio, no se ha elaborado en todas las épocas ni en cualquier
latitud. Apareció, ciertamente, ya en tiempos muy antiguos, con los primeros
pensadores; pero su cultivo no ha tenido siempre continuidad ni actualidad, y a
menudo ha sido bastante inferior al de otras ramas del saber.
Momentos espléndidos para el pensamiento pedagógico han sido la antigüedad
clásica con Platón, Aristóteles, Quintiliani y Agustín de Hipona; luego hemos de
pasar ya al Renacimiento con Rabelais, Montagne y Luís Vives. Para la mayoría de
tales autores la reflexión pedagógica no tiene sentido por sí sola, sino que se
hace dentro de la preocupación por una formación política, religiosa o
humanística. La clara intención pedagógica es propia de los autortes siguientes,
como Comenio y Locke (s. XVII). Entre todos van marcando nuevos rumbos a la
teoría pedagógica, al enunciar los principios del antimemorismo, el realismo, la
intuición y el cultivo de las facultades personales.
El siglo de las Luces representa también aquí innovaciones importantes, pues la
aparición de Rousseau marca el inicio de la Pedagogía contemporánea: al
propugnar una educación centrada en el niño y sus necesidades, en vez de la
educación tradicional que giraba en torno a los ideales del adulto y de la
ciencia, se opera en Pedagogía una verdadera revolución copernicana. Importantes
pedagogos posteriores, como Pestalozzi, acusarán su influencia, aunque otros (Girard,
Fröbel) seguirán por otros derroteros; el gran influjo de Rousseau se ha
ejercido en el siglo XX.
Como vemos, ya desde antiguo hubo teorías pedagógicas y pedagogos, pero no hubo
una Pedagogía como ciencia autónoma y bien constituida. El nacimiento de la
Pedagogía, en efecto, es obra de Herbart, quien la fundó en 1806 al publicar su
obra capital. Luego se ha ido cultivando por varios autores desde sus
correspondientes tendencias filosóficas: Spencer y el positivismo, Dewey y el
experimentalismo, Gentile y el neoidealismo, Natorp y el sociologismo, Makarenko
y el marxismo, Willmann y la filosofía alemana de los valores.
En cada uno de esos sistemas se han destacado importantes pedagogos. Con ellos
llegamos al momento actual, en el que la Pedagogía alcanza un cultivo tan
extenso como intenso; como las otras áreas del saber, constituye un árbol
frondoso que se va ramificando constantemente.
LAS CORRIENTES PEDAGÓGICAS ACTUALES
A comienzos del siglo XX hubo un acontecimiento importante: la aparición del
movimiento de la Escuela Nueva, el cual, inspirándose en Rousseau, ha montado
una educación al servicio de los intereses del niño, ha implantado el uso de los
métodos activos y ha renovado la concepción de la escuela y la organización del
quehacer escolar. Pedagogos insignes de esta tendencia son Montessori, Decroly,
Kerschensteiner, Dewey, Claparède y Ferrière.
Este estilo de educación ha ejercido enorme influencia en la Pedagogía actual.
Escuelas de muchos países lo han adoptado íntegramente, y ha marcado un ideal en
la reforma pedagógica de todos los centros educativos; la gran reforma del
sistema educacional español de 1970 que implantó la EGB, por ejemplo, se inspiró
en esas teorías pedagógicas.
Esa corriente sigue pujante en el momento actual, aunque difundida en varios
otros estilos de educación, de los cuales a veces constituye como el alma. Pero
lo típico de la Pedagogía – igual que la Filosofía, y por la misma razón – ha
sido un pluralismo de manifestaciones, con lo cual la Pedagogía actual se
presenta en todo un abanico de sistemas y tendencias. Esto ocurre tanto a nivel
de métodos como de ideales educativos. La Pedagogía, en efecto, se despliega en
estas dos dimensiones, y las divergencias de los pedagogos pueden tener lugar
tanto en la tecnología educacional (donde cabe discutir la distinta eficacia de
los diversos procedimientos) como en la ideología subyacente a cada sistema. En
esto último las divergencias son graves y trascendentes, pues, apoyándose la
Pedagogía en una concepción antropológica.