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Diplomatura de Educación Social - 1997 / 1999 - Firehaired
LA ESCUELA DE BARBIANA
1. INTRODUCCIÓN
Desde hace siglos los pedagogos han hablado con mucha claridad sobre la reforma
de la educación y las pautas según las cuales debía enfocarse para dar los
buenos frutos que se esperan de ella. Lo malo del caso es que sus voces suenan
en el desierto, puesto que se quedan en la esfera teórica y no consiguen
informar la práctica educacional. La escuela se ha mostrado siempre muy reacia a
la innovaciones y a una mejora de la labor educativa. Sin temor a equivocarnos
podemos decir que la práctica educacional lleva, cuando menos, dos siglos de
retraso respecto de la teoría pedagógica. Por ejemplo, la pedagogía que informa
la actuación de muchas escuelas actuales puede ser calificada, sin temor a
equivocación, de auténtica pedagogía medieval.
Para convencernos de ello basta recorrer con una rápida mirada los planes de
estudio, métodos e ideales pedagógicos que regulan el quehacer educativo de
tantos colegios y escuelas: encontramos en ellos el memorismo, el psitacismo
(verbalismo mecánico), el adoctrinamiento, el intelectualismo, la falta de
funcionalismo, la competitividad, un desconocimiento de la psicología infantil y
a veces una disciplina tan severa como artificiosa. En los últimos años ese
lamentable cuadro ha comenzado a ser mejorado, pero basta que retrocedamos unos
pocos lustros para encontrarlo vigente casi en todas partes.
Esto por lo que se refiere a los aspectos pedagógicos; porque si nos referimos a
los aspectos sociales de la educación la impresión que nos llevamos es todavía
más deplorable.
Dentro de este contexto, la lectura de los libros Carta a una maestra y El
maestro de Barbiana, nos remiten a esta idea de educación desigual en el marco
de una Italia postfascista. Su artífice, Lorenzo Milani, se nos presenta como un
pedagogo sensible, concienciado de los problemas sociales que atañen a los más
desfavorecidos.
El estudio de estas obras, situándolas en un marco histórico determinado, nos
ayudará a estudiar sus precursores y posterior influencia, centrando este último
punto en la posible influencia de la concepción Barbiana en la última reforma
educativa española.
Para realizar esta crítica hemos estimado necesario hacer un inciso histórico en
el que abordamos la concepción pedagógica, para poder entender el porqué de la
aparición de este determinado concepto de pedagogía, y posteriormente, y de
manera más concisa, una reflexión acerca de la pedagogía en España desde el
siglo XVII, y la actual situación reformista.
Tras el análisis de los libros, de lo que dejamos constancia en las síntesis,
nos hemos decidido a añadir citas de ambas obras donde se refleja claramente la
pedagogía de la libertad predicada por Milani, y de la que Freire es el máximo
exponente a nivel global.
2. BIOGRAFÍA
Lorenzo Milani nació en Florencia, el 27 de mayo de 1923, en el seno de una
familia burguesa, culta, liberal y atea.
Un año antes, fue instaurada la dictadura fascista de Mussolini, y pocos años
después, se firmaba el Tratado de Letràn entre Mussolini y la Iglesia, en el que
se reconocía la soberanía del Papa sobre el Estado Vaticano: una convención
financiera, y un acuerdo en el que se le donaba a la Iglesia italiana una
posición privilegiada, sobre todo, en lo concerniente a materia escolar y
matrimonial.
Aún así, los pilares educativos de sus padres eran laicos,..., “humanismo puro,
prescindiendo de toda idea religiosa”.
Durante la enseñanza media, Milani fue adquiriendo una educación fundamentada en
los valores de lealtad, veracidad, democracia, confianza en la razón, espíritu
crítico, espontaneidad afectiva,...; valores que no eran “aceptables” en aquel
tiempo, en la pedagogía sobrenaturalística de los colegios religiosos.
Durante esta época vivió en Milán; pero a partir de la II Guerra Mundial, una
guerra que correspondía a una idea nazi-fascista, volvió a Florencia.
Milani era estructuralmente antifascista, aunque, en cierta manera, también era
anticomunista.
En 1943, a la edad de veinte años, entró en el Seminario Diocesano de Florencia,
con la idea de convertirse en sacerdote.
El 13 de julio de 1947 recibía la ordenación sacerdotal. I pocos días después,
fue nombrado vicario de San Donato en Calenzano, población situada a unos quince
kilómetros de Florencia.
Fue aquí, en San Donato, donde comenzó a desarrollar su interés por la
pedagogía, después de poder observar la ineficacia de la educación, dado que sus
feligreses no sabían utilizar, ni poseían su lengua.
Milani planteó el problema desde la visión que si sus feligreses no dominaban la
lengua con la que se debían de “servir”, no se podrían desarrollar en la vida
“civil”, pero tampoco en la instrucción religiosa, es decir, que una reforma
catequista no podría existir, realmente.
“ El Papa, que no es faci il·lusions. Encara que escrigui una encíclica molt més
a favor dels pobres que les que ha escrit fins ara, no l’entendràn. I no és que
el Papa parli una llengua intraduïble. El que passa és que al poble al qual va
dirigida li manca, simplement,<< la llengua>>”.[1]
Milani planteó una escuela “política”, donde la gente supiera diferenciar los
opresores de los oprimidos, y donde la influencia de cualquier partido político
fuese nula, - idea que molestaba tanto a los comunistas, como a los demócratas
cristianos -.
Lorenzo Milani hizo patente la ineficacia de la escuela que existía por
entonces; era una escuela exclusiva para ricos, en la que no se cubría ninguna
deficiencia del mundo pobre, donde sólo aprobaban los ricos.
Milani analizó las causas del fracaso de este sector de la población, y las
clasificó de la siguiente manera:
Incapacidad por parte de los padres para ayudarlos con los deberes.
Falta de libros en casa.
Formas incorrectas de hablar.
Problemas de espacio.
Manera inadecuada de utilizar el tiempo libre.
Así fue como Milani planteó la necesidad de crear una “nueva escuela”, que diera
al pueblo la coherencia de la razón, el sentido y el valor del tiempo, la
conciencia de clase oprimida, la importancia de la lengua.
Así surgió la Escuela Popular de San Donato. Desde ese mismo momento, la
principal actividad de Milanim, fue la escuela, “Amb l’escola no els podré fer
cristians, però els podré fer homes i als homes els podré fer cristians, però
els podré fer homes i als homes podré explicar la doctrina”.
Lorenzo Milani tuvo que dejar la escuela, al morir el rector, y lo enviaron como
rector, a Sant Andrea de Barbiana.
Sus nuevos feligreses eran aún más pobres que los que había dejado en San
Donato, mucho más “inferiores”.
Así, Lorenzo Milani se propuso, desde un primer momento educar a su pueblo,
aunque ya existiera una escuela oficial.
La escuela de Barbiana no suspendía a nadie, no hacía fiestas ni vacaciones.
La crítica de Milani era anticonformista con la situación de la clase oprimida.
Para él, la escuela era un instrumento en la lucha de clases.
Lorenzo Milani moría de leucemia en 1967, a los 44 años de edad. Había sido
fundador de una nueva escuela que seguía una Pedagogía de la Libertad, como la
de Paulo Freire.
Se mostró siempre inconformista.
El último año de su vida, tiró adelante su actividad educadora y docente,
inmovilizado en la cama. Un mes antes de morir pudo ver publicada una obra de
sus alumnos, “Carta a una maestra”, en la que exponían los pilares en los que se
basaba la pedagogía de Barbiana.
3. SÍNTESIS DE LAS LECTURAS
El maestro de Barbiana
La obra que nos ocupa, nos sitúa en la vida de Lorenzo Milani, en su relación
con su entorno, sus ideales. Pero lo más interesante llega cuando nos habla del
método de enseñanza de Don Milani y su relación con las clases obreras.
Milani, poco a poco, fue abriendo camino a la idea de la escuela, a fin de
construir los fundamentos intelectuales que pudiesen garantizar una coherencia
entre la vida social y religiosa de aquellas personas que se hallaban en una
situación desigual frente a la clase dominante.
Lorenzo Milani no se resignaba a esta situación de inferioridad. Pretendía que
sus palabras estuviesen en coherencia con su pensamiento. Por ello creó él mismo
su propia escuela: “La Escuela Popular San Donato”.
Para Milani, la escuela no era un fin en si mismo, sino un medio para que la
Doctrina y el Sacramento, pudiera llegar a todo el pueblo, es decir, que sus
feligreses entendieran por si mismos su significado y se lo hiciesen suyo.
En la escuela de Barbiana, Milani aplicaba, simplemente, la “pedagogía del
sentido común”.
El libro nos explica como Milani le daba una enorme importancia y valor al
tiempo; la escuela trabajaba doce horas diarias, durante todos los días del año,
ya que para el muchacho pobre, las horas que pasaba fuera de la escuela
constituían un empobrecimiento cultural. Don Lorenzo Milani, aunque aplicaba una
educación autoritaria, no creía posible una educación sin una absoluta confianza
en los muchachos.
La enseñanza del lenguaje ocupaba el primer lugar entre las asignaturas, y uno
de los requisitos era no aprender nada que no les hiciera falta para poder
llevar una vida social.
El objetivo de Milani era crear una nueva sociedad, mediante sus enseñanzas,
coherente, crítica, revolucionaria, y a la vez pacífica. Las armas que
propugnaba eran nobles e incruentas: la huelga y el voto.
Carta a una maestra
Milani nos ofrece una utopía creadora basada en la fuerza transformadora de la
palabra. Admite que con la palabra, los pobres serán capaces de elaborar una
nueva cultura y de construir una nueva sociedad. Esta fue su hipótesis y el reto
a lograr.
El libro Carta a una maestra fue pensado y realizado para defender la dignidad
de Gianni, un muchacho que llegó a Barbiana tras ser excluido del privilegio de
la escuela obligatoria oficial. Denunciando el carácter clasista y opresivo del
sistema educativo, Don Lorenzo Milani se ha convertido en un cñásico de la
revolución cultural.
Es una carta extensa, escrita por ocho chicos de la Escuela de Barbiana, donde
cada uno de los párrafos trata de diferentes aspectos que les preocupan, o
puntos de los cuales quieren dejar constancia.
Es una visión de la sociedad de aquel tiempo, de las diferencias entre clases, y
sobretodo una crítica a la escuela selectiva oficial de aquel momento. La
diferencia radica en el lenguaje, ya que a los pobres se les margina porque
siguen hablando su dialecto. También dejan constacia de las lagunas de la
cultura predominante, incluso más grandes que las propias, siendo esto
perjudicial para un maestro.
En la segunda parte del libro se habla de lo que es el magisterio. Los alumnos
de Barbiana, tienen claro que quieren ser maestros. Tienen vocación, y proponen
lo que se tendría que aprender, comparándolo con la cultura que reciben.
Critica la pedagogía del momento. En Barbiana se construyen problemas
pedagógicos. No creen que puedan haber tratados escritos que se puedan
generalizar.
Resumiendo, habla de una sociedad superficial, es una crítica a la escuela
oficial de entonces, pero dejando claro que también creen que Barbiana es la
mejor solución, porque aunque no creen en la escuela perfecta, anhelan una más
correcta que la actual. Esta carta es una satisfacción en la vida de cada uno de
los alumnos, y la respuesta es lo que menos importa.
Carta a una maestra es un elemento que deja constancia de la revolución
pedagógica que desencadeno Milani en Barbiana.
4. EVOLUCIÓN PEDAGÓGICA
El fenómeno de la educación es tan viejo como el mundo. Se trata de un fenómeno
humano y social que resulta para el hombre tan connatural como el hablar, el
trabajar y el relacionarse. Una sociedad humana sin educación resulta
impensable, pues la educación es el recurso de esa sociedad para asimilarse a
los nuevos miembros nacidos en su seno inculcándoles las pautas y normas del
grupo.
Cada país, pues, ha educado de acuerdo con su cultura y sus peculiaridades
sociales. Con eso la historia de la educación viene ligada a la evolución de las
civilizaciones. La Pedagogía de cada época es, ciertamente, una de las
manifestaciones del humanismo subyacente a ella.
En la antigüedad la educación transmitía a los individuos las tradiciones e
ideas propias de su pueblo. Era una educación típicamente familiar, empapada a
menudo de concepciones religiosas. Las primeras escuelas surgieron en el ámbito
sacerdotal, que era el círculo depositario de la cultura; en ellas se formaban
los médicos, los astrólogos y los escribas, como ocurría en Egipto y en
Mesopotamia.
La aparición de la escuela popular significa una vulgarización del saber que iba
a hacer a las personas eficientes en la productividad social. Desde entonces la
educación se ha convertido en un importante factor de desarrollo. La educación
institucional se orientaba unas veces al cultivo de los intereses nacionales,
como ocurría en Esparta; otras veces se abría más a una cultura humana, como es
el caso de Atenas: el movimiento de los sofistas puso en marcha una paideia que
ha quedado como ejemplo de ideal educativo. En Roma la educación tomó – como
todo – un sentido más práctico, preparando al ciudadano cabal.
Los métodos didácticos eran elementales y el régimen educacional era
autoritario. Así siguieron las cosas en la Edad Media, tras el colapso cultural
que supuso la invasión de los bárbaros. El cristianismo había aportado nuevos
contenidos a la educación, la cual fue progresando muy lentamente, durante
largos siglos de oscurantismo y de rutina, hasta desembocar en el pletórico
Renacimiento.
Pero la cultura humanística de comienzos de la Edad Moderna fue patrimonio solo
de unos cuantos: el pueblo permanecía ignorante y apenas alcanzaba los
rudimentos del saber. Algunas órdenes religiosas trabajaron en la instrucción
del pueblo, pero solo con el siglo XVIII, época de la Ilustración, surgió la
preocupación moderna de escolarizar a toda la infancia.
El Estado iba a tomar cartas en el asunto a partir de la Revolución Francesa,
durante la cual se planificó por primera vez la educación nacional, haciéndola
obligatoria a todos y gratuita. La elevación del nivel cultural del pueblo, en
efecto, era una condición indispensable para el establecimiento de la
democracia. Este ejemplo cundiría en todos los países, los cuales, unos tras
otros, han ido esforzándose en realizar y mejorar la educación de todos sus
ciudadanos.
En los tiempos modernos el mundo no solamente se ha racionalizado (fenómeno de
la secularización) sino que, además, se ha tecnificado. Esto ha supuesto cambios
importantes en la orientación de las enseñanzas. Por un lado se han ido
modificando los contenidos ideológicos de las mismas, mientras que por otro la
clásica formación literaria ha debido ceder terreno al aprendizaje de las
ciencias y de la tecnología.
Hoy día la educación no se concibe ya sólo como un perfeccionamiento personal
del individuo sino como una preparación del mismo para la vida profesional. Por
consiguiente, se hallan interesadas en ella, además de cada sujeto, el propio
país, que mediante la educación forma su población activa y, de este modo,
construye la base de su prosperidad material.
La educación, pues, ha desbordado el clásico marco de procurar el
desenvolvimiento armónico de la persona para convertirse en asunto de interés
nacional e internacional. Actualmente, quienes más se preocupan de organizar la
educación son los planificadores del desarrollo económico; por encima de unos
maestros humanamente dedicados a buscar el bien de cada uno de sus alumnos, la
educación constituye, en todas partes, un asunto político, social, económico y
tecnocrático.
EVOLUCIÓN DE LA PEDAGOGÍA
La pedagogía consiste en la teoría de la educación. Por lo mismo podrá parecer
que ha ido siguiendo los pasos de la marcha de la educación, pero eso no es del
todo exacto por extraño que parezca – en efecto – cabe realizar una práctica
educadora sin que se haya elaborado su correspondiente teoría. Esto es más bien
lo que ha pasado casi siempre. El cultivo de la teoría pedagógica ha ido
siguiendo, más que al hecho de la educación, a la aparición sucesiva del saber
especulativo del cual es una buena muestra.
Ocurre, por ejemplo, que la educación se ha dado siempre y en todas partes, y la
pedagogía, en cambio, no se ha elaborado en todas las épocas ni en cualquier
latitud. Apareció, ciertamente, ya en tiempos muy antiguos, con los primeros
pensadores; pero su cultivo no ha tenido siempre continuidad ni actualidad, y a
menudo ha sido bastante inferior al de otras ramas del saber.
Momentos espléndidos para el pensamiento pedagógico han sido la antigüedad
clásica con Platón, Aristóteles, Quintiliani y Agustín de Hipona; luego hemos de
pasar ya al Renacimiento con Rabelais, Montagne y Luís Vives. Para la mayoría de
tales autores la reflexión pedagógica no tiene sentido por sí sola, sino que se
hace dentro de la preocupación por una formación política, religiosa o
humanística. La clara intención pedagógica es propia de los autortes siguientes,
como Comenio y Locke (s. XVII). Entre todos van marcando nuevos rumbos a la
teoría pedagógica, al enunciar los principios del antimemorismo, el realismo, la
intuición y el cultivo de las facultades personales.
El siglo de las Luces representa también aquí innovaciones importantes, pues la
aparición de Rousseau marca el inicio de la Pedagogía contemporánea: al
propugnar una educación centrada en el niño y sus necesidades, en vez de la
educación tradicional que giraba en torno a los ideales del adulto y de la
ciencia, se opera en Pedagogía una verdadera revolución copernicana. Importantes
pedagogos posteriores, como Pestalozzi, acusarán su influencia, aunque otros
(Girard, Fröbel) seguirán por otros derroteros; el gran influjo de Rousseau se
ha ejercido en el siglo XX.
Como vemos, ya desde antiguo hubo teorías pedagógicas y pedagogos, pero no hubo
una Pedagogía como ciencia autónoma y bien constituida. El nacimiento de la
Pedagogía, en efecto, es obra de Herbart, quien la fundó en 1806 al publicar su
obra capital. Luego se ha ido cultivando por varios autores desde sus
correspondientes tendencias filosóficas: Spencer y el positivismo, Dewey y el
experimentalismo, Gentile y el neoidealismo, Natorp y el sociologismo, Makarenko
y el marxismo, Willmann y la filosofía alemana de los valores.
En cada uno de esos sistemas se han destacado importantes pedagogos. Con ellos
llegamos al momento actual, en el que la Pedagogía alcanza un cultivo tan
extenso como intenso; como las otras áreas del saber, constituye un árbol
frondoso que se va ramificando constantemente.
LAS CORRIENTES PEDAGÓGICAS ACTUALES
A comienzos del siglo XX hubo un acontecimiento importante: la aparición del
movimiento de la Escuela Nueva, el cual, inspirándose en Rousseau, ha montado
una educación al servicio de los intereses del niño, ha implantado el uso de los
métodos activos y ha renovado la concepción de la escuela y la organización del
quehacer escolar. Pedagogos insignes de esta tendencia son Montessori, Decroly,
Kerschensteiner, Dewey, Claparède y Ferrière.
Este estilo de educación ha ejercido enorme influencia en la Pedagogía actual.
Escuelas de muchos países lo han adoptado íntegramente, y ha marcado un ideal en
la reforma pedagógica de todos los centros educativos; la gran reforma del
sistema educacional español de 1970 que implantó la EGB, por ejemplo, se inspiró
en esas teorías pedagógicas.
Esa corriente sigue pujante en el momento actual, aunque difundida en varios
otros estilos de educación, de los cuales a veces constituye como el alma. Pero
lo típico de la Pedagogía – igual que la Filosofía, y por la misma razón – ha
sido un pluralismo de manifestaciones, con lo cual la Pedagogía actual se
presenta en todo un abanico de sistemas y tendencias. Esto ocurre tanto a nivel
de métodos como de ideales educativos. La Pedagogía, en efecto, se despliega en
estas dos dimensiones, y las divergencias de los pedagogos pueden tener lugar
tanto en la tecnología educacional (donde cabe discutir la distinta eficacia de
los diversos procedimientos) como en la ideología subyacente a cada sistema. En
esto último las divergencias son graves y trascendentes, pues, apoyándose la
Pedagogía en una concepción antropológica de la persona, hay actualmente tantos
sistemas pedagógicos como maneras de entender la naturaleza humana y el papel de
la persona en la vida y en las relaciones sociales.
El movimiento de la Escuela Nueva se efectuó, en el sentido propio de la
expresión, en pocos lugares y en un reducido número de escuelas. Constituyó una
especie de elitismo pedagógico. En la escuela popular ha penetrado sobre todo a
través del educador francés C. Freinet, el cual introdujo en las escuelas
oficiales buena cantidad de las técnicas y métodos suscitados de la Escuela
Nueva. El sistema Freinet se ha extendido a muchas partes, contando con una
buena organización; pero su fecundidad se ha mostrado al dar origen a nuevas
corrientes surgidas en su seno, tales como el Movimiento de Cooperación
Educativa, aparecido en el norte de Italia, y la Pedagogía Institucional.
La época moderna, y más todavía el momento actual, se distingue por sus ansias
liberadoras. La Pedagogía, que va siempre a remolque de las preocupaciones
humanas de la sociedad, no podía faltar en semejante pretensión. Es así como ha
surgido una Pedagogía liberadora, que adopta nombres diversos según el ámbito en
el que se proponga efectuar la liberación. Hay, por ejemplo, una Pedagogía
Antiautoritaria, una Pedagogía Democratizadora y una Pedagogía No Directiva;
pero hay también una Pedagogía revolucionaria que pretende liberar a los
oprimidos por la explotación social.
El principal adalid de esta tendencia es P. Freire (que ejerció una notable
influencia en Lorenzo Milani y su concepción Barbiana de la escuela), promotor
de la educación de adultos, en la cual se distinguió por haber inventado un
eficaz método de alfabetización. Pero más que este éxito didáctico, lo notable
de su pedagogía es que trata de dar al inculto conciencia de su situación social
y de sus posibilidades y deberes en este sentido, llevándolo a tomar partido
ante la suerte que le ha cabido y enseñándole a reaccionar de un modo adecuado.
Si la Pedagogía pretende iniciar al hombre en la práctica de una vida digna, el
sistema de Freire lleva esta pretensión al terreno de la justicia social y de la
lucha para salvaguardar los derechos de los proletarios.
Milani, como ya veremos, reflejó este sentimiento en toda su obra pedagógica e
hizo suyas muchas de las reivindicaciones de Freire, por lo que podemos decir
que este pensador se erigió en la influencia decisiva en su obra.
5. ¿ESCUELA DE BARBIANA COMO PRECURSORA DE LA E.S.O.?
Cuando Lorenzo Milani expiró, poco podía imaginarse la repercusión que tendría
su proyecto educativo. La escuela de Barbiana se ha convertido en un referente
claro a la hora de abordar las nuevas opciones en pedagogía.
Milani supo observar con detenimiento un sistema escolar formal de carácter
clasista y opresivo, en el que aprobaban los ricos y suspendían los pobres, con
una cultura de programas antisocial que hacía arribistas a los escolares. De
esta concienzuda observación extrajo un seguido de conclusiones, que con el
tiempo influyeron en su concepción de escuela anhelada.
La escuela que diseñó Milani, la Escuela de Barbiana, tenía un carácter
decididamente reformista. Su pilar más importante abogaba por exigir
responsabilidad a la tarea propia de educar, obvio tras los desastrosos
resultados que ofrecían los alumnos debido a la imparcialidad ejercida por los
profesores de la escuela tradicional.
La Educación en Barbiana era individualizada y adecuada a las características de
cada alumno, estableciendo preferencias por aquellos con menos recursos
intelectuales. Permanecía abierta doce horas al día (frente a la media jornada
de la educación tradicional), durante todos los días del año. Gracias a este
carácter continuo, el feed-back que se establecía entre educador y educando
potenciaban la búsqueda de la alegría del saber. Milani quiso que su escuela
fomentara las actitudes comunitarias en el uso de los materiales y en sus
actividades, como la relación de maestros que ejercían los mayores con los
pequeños. Centraban sus esfuerzos en la equiparación, en la justicia con los
débiles, aquellos más desvalidos a quien hay que apoyar, defendiendo la idea de
que los problemas comunes deben ser resueltos por el colectivo. A nivel
conceptual basaban sus enseñanzas en las lenguas y la escritura, ya que, según
esgrimían, hacían posible la expresión de la cultura, los viajes y la
comunicación humana. Su principal soporte educativo era el periódico, recurso
utilizado para el conocimiento humanístico y para ejercer el espíritu crítico,
que junto con la sinceridad eran considerados valores fundamentales. Los
talleres con trabajos manuales y artísticos, así como la observación de la
naturaleza eran otras de las actividades formativas de la escuela de Barbiana.
Como hemos podido observar, Milani se encontraba inmerso en la corriente
pedagógica personalista, y esto influyó decisivamente en su modelo de escuela.
Para esta corriente el valor máximo radica en la persona, única e irrepetible; y
sus diferentes teorías y prácticas personalistas tienen en común la educación
activa e individualizada y una socialización comunitaria. Concretamente, Milani
pretendía suplir las deficiencias familiares y escolares con la escuela a tiempo
completo de Barbiana.
Observando la Escuela de Barbiana desde el púlpito que nos concede el paso del
tiempo, podríamos coincidir que radicaba sus propósitos en una utopía moderada.
Si bien es cierto que estamos analizando este proyecto educativo desde una
perspectiva demasiado alejada, casi aséptica, con una descontextualización
absoluta, vemos difícil su puesta en práctica total y de forma eficaz, incluso
hasta en la época en que fue concebida.
No creemos justo negar su condición vanguardista y su fehaciente influencia
posterior, aunque por otro lado consideramos necesario matizar aquellos aspectos
que nos resultan difícilmente asumibles.
Algunos aspectos básicos de este recurso parecen alienarse de la realidad social
que padecen los educandos a los que va dirigida. Observamos en principio que se
configura como eminentemente separatista, se conforma como contraescuela. Esta
distanciación radical puede favorecer la aparición de la cultura de gueto[2],
siempre peligrosa social y educativamente hablando. De la autoconfirmación
parten duras críticas, todas ellas fundamentadas, que les convierten en el azote
de la escuela tradicional.
Otro aspecto ciertamente discutible es la defensa de la jornada de doce horas y
trescientos sesenta y cinco días. Si partimos de la base que, como dijo Milani,
la Escuela de Barbiana está encaminada hacia los oprimidos, podemos inferir que
los oprimidos no eran precisamente pudientes, y por tanto los progenitores de
los educandos eran exclusivamente de clase obrera. A mediados de este siglo,
muchas eran las familias con escasos recursos que consideraban inútil la
formación escolar de sus hijos[3]. Dicho esto, nos resistimos a pensar que la
mayoría de padres (eminentemente de baja o nula formación escolar) permitiese a
sus hijos “perder” el tiempo estudiando, y dejar de ingresar en las arcas
familiares otra pequeña aportación económica, fruto de un trabajo cercano a la
explotación, que ayudase a paliar las necesidades derivadas de su situación
social. Por otro lado, y cito textualmente, la mayoría de los chicos que
accedieron a la Escuela de Barbiana, cuando deben explicar el motivo de su
elección dicen: “… estábamos ante una elección obligatoria: o escuela o
trabajar.” Esta falta de motivación inicial se contradice con los resultados
presuntamente obtenidos. Si bien es cierto que posiblemente este nuevo tipo de
escuela les resulte más interesante, no podemos dejar de lado la vertiente
lúdica o relacional de aquellos jóvenes que pasaban doce horas diarias
ocupándose de su formación. Nos resistimos a creer que ninguno de ellos llegara
al hastío más absoluto al dedicar varios años de su vida a la formación
académica en exclusiva.
Otro aspecto verdaderamente discutible de este modelo pedagógico es la condición
de educador-educando que adquirían muchos de aquellos jóvenes. Tras esta
concepción simplista del arte de educar se esconde una práctica: aquellos que
han aprendido algo están capacitados para enseñarlo. No cabe más que rechazar
esta idea tan burda, que si bien nos podría servir para algunas nociones
matemáticas (sumar, restar, multiplicar, dividir,…), no se corresponde con la
realidad docente. El magisterio no solo es un acto encaminado al vómito de
conocimientos, sino que requiere de unas habilidades especiales, y de la
asunción de unos procedimientos, de unas determinadas técnicas. Eminencias en
ciertas materias, incluso en la actualidad, han tenido que abandonar la docencia
puesto que no eran capaces de transmitir sus conocimientos de forma adecuada a
sus educandos. Visto esto, no es muy aventurado comentar que posiblemente
aquellos jóvenes maestros no estuviesen plenamente capacitados para desempeñar
las labores que les habían sido encomendadas y que posiblemente influían
negativamente en sus compañeros haciéndoles un flaco favor.
Si obviamos todos estos pequeños detalles mencionados con anterioridad, podemos
llegar a considerar a la Escuela de Barbiana un precedente obligado de la
educación actual. Quizás no fue la única, o la principal, pero lo que si es
cierto es que abandera una serie de aspectos, en su momento impensables, que
actualmente son el marco obligado de educación formal.
Sin mayores reparos podríamos asegurar que la escuela de Milani fue, en parte,
precursora del actual sistema de Educación Secundaria Obligatoria español.
Aunque parezca imposible, aquella escuela para “lentos y bobos” traspasó
fronteras y ha hecho mella en el sistema educativo de uno de los países del
mundo con mayor tradición docente.
Si bien no podemos negar esta influencia, tampoco sería justo limitarnos a
tratar la E.S.O. únicamente desde su perspectiva actual y la posible influencia
Barbiana. Muchos han sido los aspectos que han configurado la historia de la
educación en España, y creemos que es de obligada lectura las líneas que
preceden a este párrafo, si queremos profundizar en la reflexión crítica
posterior.
Un estudio, resultado de un programa de un grupo de investigación elaborado
desde 1979 a 1993 en 28 ciudades españolas diferentes, en el curso del cual se
analizan pacientemente las firmas de aproximadamente 49.000 hombres y mujeres en
diferentes momentos del siglo XVIII, constituye la primera síntesis de una
investigación nacional sobre la alfabetización en España. Su conclusión, revela
una profunda dicotomía en el XVIII español: una media de alfabetización muy baja
(27% varones y 6,8% mujeres), que contrasta con tasas elevadas en varias de las
ciudades más importantes y otras comarcas, incluso a veces por encima de las
ciudades francesas, que eran las que en aquel momento aglutinaban la cultura
europea. El motivo es la dicotomía existente entre dos realidades, rural y
urbana, que configuran el panorama español del momento.
A caballo entre los siglos XVII y XVIII, las cátedras de gramática que sostienen
los Jesuitas en Zaragoza desde 1609 hasta su expulsión en 1769, se transforman
en aulas reales o públicas, lo cual supone un cambio significativo. Su
organización interna y desarrollo futuro se asientan en una legislación que
limita el control tradicional de las instituciones locales, lo que favorece una
actitud de auténtica pasividad y deficiente atención por parte del Concejo y de
la Universidad. Tal situación, unida a la escasa dotación económica, favorece
los abusos y despilfarros por parte de varios profesores, que entienden su tarea
de enseñar como un paso transitorio en su currículum personal.
El proceso de decadencia que padecen las aulas públicas de Zaragoza, en
particular las de gramática, y la solución que ofrecen algunas de las
instituciones locales más importantes, muestran la dificultad que entraña el
cambio de la enseñanza religiosa a la implantada. Como consecuencia de ello,
podemos decir que se llega a un fracaso total en los primeros momentos de la
enseñanza pública, en el sentido que hoy lo entendemos. Fruto de este fracaso, a
excepción de las escuelas creadas por la Junta de la Caridad, en las décadas
siguientes la enseñanza seguiría teniendo el carácter privado y elitista que le
había caracterizado anteriormente, y no será hasta 1852 que se abra una escuela,
totalmente gratuita, a cargo del Ayuntamiento.
El siglo XIX viene marcado por la presencia de Joaquín Sama y Vinagre. Este fue
una figura clave en el desarrollo de la Institución Libre de Enseñanza que, en
su primera etapa, desarrolla criterios y principios a través de sus escritos. Él
trata de aplicar tales principios y criterios al campo sociopolítico y
fundamentalmente al de la educación. Concibe la enseñanza como el principal
instrumento de transformación social (al igual que Milani), y dedica su vida a
la educación, buscando diferentes soluciones innovadoras, que se convierten en
extremadamente provechosas. Propone un método intuitivo, alentando al uso de los
recursos de la escuela y los de la realidad exterior.
En los albores del siglo XX, nace y crece la escuela pública graduada, dejando
España de constituir una excepción entre el conjunto de países civilizados, y
entrando en un proceso de cambio de los arcaicos y desacreditados modelos
organizativos de la escuela unitaria por otros más modernos y racionales, los de
la escuela graduada.
En estos primeros años Murcia va a ocupar un papel destacado. El discurso
pedagógico ya no se centra tanto en la creación de escuelas, cuanto en las
condiciones materiales y funcionales en que estas escuelas deben ser creadas,
defendiendo a ultranza la escuela graduada como instrumento de regeneración
nacional. Lo que le hizo merecedora del honroso calificativo de ser para España
la cuna de las Escuelas Graduadas.
Durante la Segunda República de España, podemos destacar dos aspectos diferentes
en la educación popular: las Misiones Pedagógicas y los planes y experiencias de
educación popular que lleva a cabo la Federación Universitaria Escolar durante
los años de la República burguesa, y más tarde en el periodo revolucionario de
la Guerra Civil. Estos momentos de la educación popular estuvieron en todo
momento incluidos dentro de la reforma y/o revolución social del momento, y
fruto de eso se pueden derivar las razones por las que los contenidos y los
destinatarios fueron evolucionando, de campesinos a obreros, y de materias
culturales básicas a política y coyuntura bélica, pasando por los conocimientos
de las necesidades del obrerismo.
Con la llegada de Franco al poder, se impone el “Nuevo Orden Educativo”,
destruyendo el viejo sistema educativo republicano. En el primer gobierno del
nuevo estado se creó el Ministerio de Educación Nacional (substituyó al
republicano de instrucción Pública y Bellas Artes), que incluía los servicios de
prensa y censura. Se realizó una labor de desmantelamiento de la labor realizada
en la etapa anterior. Suprimió el laicismo, la coeducación, y la enseñanza – en
las regiones bilingües – de la lengua vernácula. Así mismo, se introdujo una
rápida censura en los libros de texto y en toda clase de actividades culturales.
Desde el punto de vista de la ideología pedagógica, cabría destacar: la
manipulación de los textos escolares, la recuperación del pensamiento más
conservador y tradicionalista, el feroz clasismo que se implanta en todos los
niveles del sistema educativo, y las ventajas de todo tipo que consigue la
enseñanza privada y confesional.
Fruto de las fisuras internas, producto del desgaste de la dictadura, en la
séptima década del siglo se daban todas las condiciones necesarias para proceder
a una reestructuración total del sistema educativo español. En 1970 se elaboran
los materiales de la Ley General de Educación, ley con grandes desajustes entre
sistema educativo y sistema político, ambientada en el ideario pedagógico de la
Institución de Libre Enseñanza republicana. Esta ley supone una reformulación
radical del sistema educativo español, adquiriendo un carácter de ruptura
pedagógica. De esta ley parte la actual LOGSE de 1990.
La LOGSE ha profundizado, sin modificar cualitativamente nada sustancial de su
predecesora, y ampliado determinados aspectos. Ha introducido mejoras
cuantitativas y ha racionalizado más el sistema educativo. La financiación, que
fue el talón de Aquiles de la LGE, parece hacer hincapié también en el actual
compendio de leyes educativas, pudiendo llegar a desvirtuarlas totalmente en un
futuro. La LOGSE, que debe servir para integrarnos pedagógicamente en Europa,
alberga en su seno la Educación Secundaria Obligatoria, estructura que, como
pasaremos a criticar a continuación, mantiene una influencia notablemente
Barbiana sobre el papel, pero en la práctica no nos parece tan cercana.
La Educación Secundaria Obligatoria, en su breve andadura por España, ya ha
dejado entrever sus aspectos más característicos. Esta nueva reforma educativa
prioriza la individualización de la atención pedagógica, potencia la
habilitación de recursos personales y enfatiza el aprendizaje de técnicas útiles
en la vida cotidiana.
Si nos basamos explícitamente en la LOGSE, los estudiantes deberían tener desde
los centros de secundaria, una respuesta que posibilite la formación obligatoria
desde diseños curriculares adaptados, previa concienciación por parte del
profesorado de que algunos estudiantes también pueden seguir y alcanzar con
éxito los objetivos que se planteen, siempre y cuando hayan estado pensados en
función de su capacidad y sus posibilidades personales. Partiendo de esta
premisa, también es sabido que no todos los centros ni todos los equipos
docentes, pueden hacer frente a estudiantes necesitados de este tipo de atención
más especializada.
Vemos por tanto que, de aquella individualización Barbiana que parece estar
impregnada la nueva LOGSE, se desprende una realidad mucho más cruda.
Seguramente el principal problema radica en la ausencia de un proceso de
reciclaje apropiado para los profesionales de la educación españoles, que han
pasado de un sistema educativo obsoleto a otro radicalmente opuesto, pero que no
les ha obligado a cambiar excesivamente su modus operandi.
Otra crítica flagrante es la que podría hacerles Milani, aquel que abogaba por
la educación del pueblo para el pueblo, de las minorías, de los desfavorecidos.
Fruto de la ausencia de reciclaje de los profesionales, estos no están lo
suficientemente preparados para afrontar una serie de realidades existentes, a
las que antes no tenían acceso. Una vez derrocado el filtro que suponía la
obtención del Graduado Escolar a los 14 años, y ante la imposibilidad de hacer
repetir curso (aquí Milani si que vería recompensados sus esfuerzos), los
profesores deben enfrentarse a una serie de, alumnos a los que el Estado obliga
a estar escolarizados, cuya situación socioeconómica no favorece en nada a sus
progresos escolares. Se repite la figura del fracaso escolar sin que los centros
puedan hacer nada por remediarlo.
Debido a la realidad anterior, alguien creyó que lo más positivo sería ejercer
una labor Barbiana profunda: separar a los “lentos y los bobos” del grueso de la
clase, aislarlos en realidades educacionales paralelas, reforzar su identidad
diferencial, favorecer sus progresos con procedimientos más heterodoxos, y
reinsertarlos finalmente con su grupo de origen. No cabe decir que esto que
hemos citado es un vil pretexto que, legalmente, amparará a muchos educadores
formales en drásticas decisiones, ciertamente injustas, producto de su falta de
sensibilidad. La realidad cotidiana demostrará que este tipo de recursos tan
pedagógicamente progresistas, resultarán ser un aparcamiento de estudiantes
problemáticos, una pequeña residencia temporal en la que podrán dejar que el
resto del grupo progrese adecuadamente. Nada más lejos de lo que proponía
Milani.
Quien quiera leer en estas líneas un reproche desconsiderado al sistema
educativo actual no camina demasiado lejano del sendero de la razón. Ciertamente
parece inconcebible como un marco legal, tan estructurado, tan estudiado y
debatido, puede permitir semejante lejanía entre teoría y práctica. Si por un
lado decidimos potenciar habilidades latentes en los educandos, en detrimento de
aquellas clases magistrales de conocimientos meramente conceptuales, lo que no
podemos hacer son apaños. Si queremos garantizar una ESO basada en la igualdad,
basada en los mismos derechos para todos, no podemos permitir que unos
estudiantes tengan cinco centros a escasos minutos de sus casas, y otros
estudiantes deban madrugar para coger un transporte escolar destartalado que les
lleve a la única escuela existente para todos los estudiantes de los pueblos en
un radio de 20 kilómetros. Tampoco podemos permitir la creación de unos
determinados centros escolares, eminentemente pensados, para estudiantes
inmigrantes, y que la representación en otros colegios de la zona, de este tipo
población, sea mínima.
Seguramente la Escuela de Barbiana no solo influyó en el decurso de la creación
del actual sistema educativo español, sino que seguramente se hizo extensivo a
toda Europa, pero lo que no podemos hacer es enmascarar tras la bandera de la
pedagogía nueva mutilaciones tan aberrantes de los principios básicos que la
conforman, engañando así a todos aquellos que confían en una educación moderna y
eficaz, y traicionando el recuerdo a aquellos pensadores que sacrificaron su
vida por hallar nuevos filones educativos más justos.
Pese a que el tiempo de la escuela tradicional ya pasó, debemos dejar de llevar
ese lastre del que parece no querer desprenderse la administración, y permitir
que se fundamente la educación en los pilares primordiales de la convivencia
cotidiana, permitir a los estudiantes que desarrollen el autodidactismo,
establecer líneas de actuación modernas y eficaces que sean capaces de incidir
en la evolución social, y que probablemente darían salida a muchos de los
problemas a los que actualmente nos enfrentamos, y de los que no somos capaces
de obtener respuestas.
6. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
COLOM, A.J. y otros. “Teoría e instituciones contemporáneas de la educación”.
Ed. Ariel.1997
CORZO TORAL, J.L. “La escritura colectiva”. Ed. Anaya. 1983
GENERALITAT DE CATALUNYA. Departament de Ensenyament. “Cróniques de la reforma,
…”. Eumo Editorial. 1992
SUCHODOLSKI, B. “Pedagogía de l’essència i pedagogia de l’existència”. Eumo
Editorial. 1986
UNIVERSIDAD DE SALAMANCA. “Historia de la educación”. Revista universitaria.
Ediciones Universidad de Salamanca. 1996
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[1]MARTI, MIQUEL; “El mestre de Barbiana”. De. NOVA TERRA. Tortosa. 1972
[2] Cabe destacar que la palabra gueto proviene de la forma italiana Borghetto,
diminutivo de Borgo que significa ciudad pequeña. Estos eran unos barrios en los
que se obligaba a vivir a los judíos en algunas ciudades de Italia. Vemos, por
tanto, que el término adquiere aquí pleno significado geográfico.
[3] En la actualidad aún quedan reductos sociales con la misma creencia en los
países desarrollados, y en los países subdesarrollados es una práctica habitual
que parte de la explotación laboral infantil.