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Diplomatura de Educación Social - 1997 / 1999 - Firehaired
PREVENCIÓN Y EDUCACIÓN PARA LA SALUD
Comentario
del título y de la idea principal del trabajo
“La alimentación: prevenir y educar para la salud” es el título que he escogido
a fin de desarrollar uno de los temas que considero más importantes en la
formación educacional actual. Tras el título, muy explícito, podemos diferenciar
claramente cuales son los puntos del trabajo que el columnista desea resaltar.
Así pues, encontramos primero la palabra alimentación, eje vertebrador del
trabajo, seguida por dos términos que, aunque a simple vista puedan parecer
diferentes, son paralelos: prevención y educación. Por último, nos limita el
campo de acción al que se va a hacer referencia, ya que, de no haber escrito a
final de frase la palabra salud, el título carecería de la concreción necesaria
para hacerse entendedor.
En lo que respecta a la idea principal del trabajo, podríamos decir que no es
otra que la siguiente: en líneas generales, el artículo aborda la necesidad de
formación a educadores en tiempo de ocio, encaminada hacia una prevención de la
sobrealimentación en sus educandos, una mejor formación alimentaria de estos, y
a evitar en un futuro las posibles enfermedades derivadas de sus malos hábitos,
especialmente en aquellas derivadas de la denominada “dieta de la opulencia”.
Ideas principales
En lo que a ideas principales del texto respecta, podríamos hacer una
enumeración de estas y un comentario clarificador de cada una para profundizar
más en ellas, y conocerlas con todos sus matices.
La primera idea que aparece en el artículo es que, de los tres niveles de
prevención, el óptimo es el primero, aunque muchas veces solo podremos actuar
desde el segundo o el tercero.
La segunda idea nos dice que educar para la salud no es solo evitar
enfermedades, sino potenciar el estado de bienestar a través de la prevención.
La tercera idea nos presenta el tiempo libre como espacio educativo no formal
ideal para fomentar el valor de la salud.
La cuarta idea nos muestra la alimentación como parte importante de las
actividades de tiempo libre, y en consecuencia, elemento de vital importancia
como forma de prevención.
La quinta idea se nos presenta a través de propuesta de intervención, o como el
artículo cita: “programa educativo de alimentación y salud”
Términos y conceptos básicos
En este apartado haremos mención de aquellas palabras o locuciones que tengan un
carácter determinante en el texto, sin los cuales no tendría sentido o quedaría
exento de su plena comprensión.
En primer lugar recurriremos al título del artículo, como continente de una
parte esencial del mismo. El concepto de alimentación, entendido en su sentido
amplio equivalente a nutrición, distinto de la mera ingestión de alimentos, es
el marco de actuación a través del cual queremos lograr una mejora en la salud.
Esta, como pieza clave y referente último en favor del cual actuamos, podríamos
definirla como estado óptimo del cuerpo, no correspondido a la mera ausencia de
enfermedad. Si, por otro lado, hacemos referencia a los términos prevenir y
educar, que el texto adivina paralelos, llegamos a la siguiente conclusión:
educar para la salud, a través de la prevención, no consiste solo en evitar las
enfermedades, sino en potenciar el estado de bienestar.
El siguiente concepto básico al que podríamos hacer alusión es el de tiempo
libre, como espacio educativo no formal, fondo de nuestra actuación, e ideal en
cuanto a su influencia debido a su carácter distendido y a la concienciación de
los centros hacia esta problemática que nos ocupa.
El concepto de mala alimentación, no debe ser considerado exclusivo de una falta
de ingesta, ya que, aunque este es uno de sus componentes, también alberga la
posibilidad contraria, la ingesta desmesurada o “dieta de la opulencia”,
objetivo sobre el que planea la intervención propuesta en el artículo.
COMENTARIO PERSONAL
Que la alimentación es el estandarte de la salud no es ningún secreto, ni
tampoco es un intento de este siglo. Si hacemos un poco de memoria, recordaremos
que ya desde muy pequeños nos inducían a los atracones. Cuantas veces no nos
habrán obligado a acabarnos la cena de Nochebuena, o la comida de Navidad,
características por la abundancia innecesaria de sus manjares. Aquello de: “si
te lo comes todo, el día de mañana serás muy fuerte”, fue un lema para más de
uno. Aunque aquellos comentarios de viejas no fueran malintencionados, cabe
considerar que en ocasiones no eran los más acertados.
La problemática de la alimentación ha traído mucha cola últimamente. La
aparición de enfermedades, hasta hace poco desconocidas, como la anorexia y la
bulimia dio pié a la concienciación de la importancia de la nutrición, no tanto
de la ingestión. Tras aquel boom, la problemática parecía parcialmente
solucionada con la intervención de psicólogos y dietistas en centros educativos,
y programas oficiales de prevención, apoyo y asistencia.
Pero, como hemos podido ver en este artículo, la problemática no ha sido
erradicada, ni siquiera paliada, simplemente se ha metamorfoseado. El objetivo
actual es prevenir la opulencia, es decir, esos bocados de más que la mayoría
acostumbramos a dar, sobre todo a productos con ingredientes no demasiado
adecuados para la salud, si se consumen en abundancia. Como antes hemos dicho
¿no es normal forzar a comer o comer en desmesura?. Gracias a ciertos anuncios,
que en realidad nos hacen un flaco favor, creemos que algunas épocas del año son
de obligado culto a la diosa Gula, ya que más tarde, esos kilitos de más
desaparecerán milagrosamente. Vemos por tanto, que existe una evidente
desinformación sobre el tema que nos ocupa, y este es un síntoma preocupante.
Iniciativas como las de la EDAE, deben ser calificadas de enormemente positivas,
tanto por su objetivo de formar a los jóvenes y adolescentes, como por la
preocupación existente por crear una figura formada y altamente concienciada con
la problemática. Pero, en mi opinión, este no es el mejor sistema a seguir.
Pocos son los chicos que acceden a centros de educación en tiempo libre, por lo
que la actuación de iniciativas como la anteriormente citada no consiguen
alcanzar un número de usuarios importante. Una iniciativa en su misma línea, y
que en mi opinión resultaría más efectiva, sería la de concienciar desde la
escuela formal, creando hábitos de alimentación conducida, es decir, facilitando
los almuerzos y las comidas. Los alimentos que se consumirían, elaborarían unos
platos basados en el equilibrio de la ingesta. A su vez, la labor de los
educadores del centro, debidamente reciclados hacia esta problemática,
resultaría decisiva en tanto en cuanto se incidiera en el plano familiar,
provocando una reacción positiva en las familias. El proyecto no resultaría
excesivamente costoso, y aseguraría dos de las tres comidas diarias. La
adquisición de unos buenos hábitos de higiene bucal y la introducción de los
buenos modos y las buenas maneras en la mesa, podrían ser dos objetivos
secundarios que igualmente incidirían en la educación de los muchachos, siendo,
el primero, otro claro exponente de la lucha contra hábitos insalubres.