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 Diplomatura Educación Social - 20 / 05 / 2002 - Inma Fages

DESARROLLO DEL APEGO

TEORÍAS DE APEGO



Teorías conductistas


Modelo de reducción del impulso:

- Importancia vital al papel de la alimentación en la interacción que se establece entre madre e hijo.
- Se considera que las conductas de dependencia que el bebé tiene con su madre son debidas fundamentalmente a un impulso secundario aprendido como consecuencia de una asociación repetida entre la presencia de la madre y la satisfacción que le produce al niño saciar su hambre. El niño se apega con quién le da de comer.


Modelo del condicionamiento operante

- Los niños miran, sonríen y buscan la proximidad de las madres debido a la respuesta que reciben por parte de sus progenitoras. Las madres “devuelven” las miradas, sonrisas y abrazos a sus hijos implicándoles en una positiva interacción social.




Estos modelos no nos proporcionan un mecanismo potente de explicación del apego. No explican por qué o de qué manera los lazos establecidos en la infancia perduran a través del ciclo vital incluso cuando la figura de apego está ausente y, por tanto, no puede satisfacer los impulsos primarios ni proporcionar ningún tipo de refuerzo social.




Hipótesis propuestas por los psicoanalistas



Ofrecen un modelo mucho más enriquecedor que los conductistas. Defienden que la calidad de la interacción madre-hijo produce, por una parte un efecto crucial en el desarrollo posterior de la personalidad del sujeto y, por otra, la seguridad emocional necesaria par la exploración del medio ambiente y un dominio cognitivo.

Según Freud el amor que surge del niño hacia la madre es debido a la necesidad satisfecha de alimento; el niño se apega a la madre porque ésta le da de comer y, además, le estimula sus zonas erógenas. Sin embargo, en años posteriores manifestaría que las bases filogenéticas tienen una primacía tal que no importa si el niño ha sido dado de mamar o ha sido alimentado con biberón y no haya gozado de la ternura de los cuidados maternos.


Burlinngham y Anna Freud llegaron a diversas conclusiones:

• Sólo al segundo año de vida el apego que surge del niño hacia la madre alcanza su pleno desarrollo.
• Los niños se apegan incluso a madres que están continuamente del mal humor y a veces se comportan de manera cruel con ellos.
El potencial de apego siempre se halla presente en el niño y cuando siente la carencia de un objeto, rápidamente se fijará en cualquier otro. Debido a que el afecto se puede considerar independiente de lo que el niño recibe, estas psicoanalistas manifestaron que el niño siente la necesidad de un vínculo temprano con la madre de manera instintual.


Melanie Klein manifiesta que la relación que se establece entre el niño y su madre va más allá de la mera satisfacción de necesidades fisiológicas. Sin embargo, en una de sus últimas publicaciones se muestra indecisa y por una parte, hace hincapié en la primacía del pecho y por otra, expresa que el niño desde el principio tiene conciencia de que existe algo más.


Spitz se adhiere plenamente alas tesis de Freud (padre) acerca de la teoría del impulso secundario. Defiende que las auténticas relaciones objetales surgen de la necesidad de alimento.





Teoría etológica de Bowlby

Hoy en día la teoría de Bowlby es el enfoque más aceptado a la hora de explicar las relaciones de apego. Este modelo se inspiró inicialmente en los estudios de impronta. Las investigaciones sobre impronta han conducido a un concepto teórico que ha sido ampliamente aplicado en el estudio del desarrollo infantil: el periodo crítico. Tiempo limitado de la vida en el que el organismo está biológicamente preparado para adquirir ciertas conductas; todo ello a condición de que reciba una estimulación apropiada del medio ambiente. La importancia de este concepto radica en que muchos psicólogos han intentado averiguar la adquisición de las complejas conductas sociales y cognitivas del ser humano tienen lugar en un periodo de tiempo muy determinado.

Bowlby defiende que las tendencias innatas del bebe hacen que los adultos estén cerca para ayudarles a sobrevivir. A su vez, los adultos están preparados por la evolución para responder a las señales del bebé.

Bowlby al observar los problemas emocionales de los niños que se criaban en instituciones, encontró que éstos tenían una gran dificultad en formar y mantener relaciones cercanas. Atribuyó este problema a la carencia de estos niños de un fuerte apego con sus madres durante la infancia. Su interés en este campo le condujo a dar una explicación etológica de cómo y por qué se establece el vínculo entre la madre y su hijo.

La teoría de Bowlby reitera el principio fundamental de la etología clásica que defiende que el establecimiento de un fuerte vínculo madre-niño es vital para la supervivencia del bebé. Este vínculo de apego se desarrolla fácilmente durante un periodo crítico o sensible; pasado este tiempo puede llegar a ser imposible formar una verdadera relación íntima y emocional.

Según Bowlby el establecimiento del lazo afectivo evoluciona a través de cuatro etapas:

- Fase de preapego.
- Fase de formación del apego.
- Fase de apego propiamente dicha.
- Formación de relaciones recíprocas.




El desarrollo del apego


En los seres humanos el vínculo de apego tarda unos meses en aparecer ya que conlleva una compleja mezcla de conductas entre la madre y su hijo y adquiere una gran variedad de formas.


Fase de preapego

- Desde el nacimiento hasta las seis primeras semanas aproximadamente.
- La conducta del niño consiste en reflejos determinados genéticamente que tienen un gran valor para la supervivencia.
- A través de la sonrisa, el lloro y la mirada, el bebé atrae la atención de otros seres humanos; y, al mismo tiempo es capaz de responder a los estímulos que vienen de otras personas.
- Tratan en muchas ocasiones de provocar el contacto físico.
- Reconocimiento sensorial muy rudimentario hacia la madre. Prefieren la voz de ésta a la de cualquier otro adulto a pesar de que todavía no muestran un vínculo de apego propiamente dicho.

Fase de formación del apego

- Desde las seis semanas hasta los seis-ocho meses de edad.
- El niño orienta su conducta y responde de a su madre de una manera más clara.
- Sonríe, balbucea y sigue con la mirada a su madre de forma más consistente que al resto de las personas.
- No muestran ansiedad cuando se les separa de la madre a pesar de reconocerla perfectamente. Es la pérdida de contacto humano lo que le provoca el enfado.

Fase de apego propiamente dicha

- Desde los 6 - 8 meses hasta los 18 – 24 meses.
- Vínculo afectivo muy fuerte con la madre. Enfado y ansiedad cuando ésta desaparece.
- La mayor parte de las acciones tienen el objetivo de atraer la atención de la madre.

Formación de relaciones recíprocas

- Desde los 18 – 24 meses en adelante.
- Aparición del lenguaje y capacidad de representarse mentalmente a la madre. Decrece la ansiedad porque el niño empieza a entender que la ausencia de la madre no es definitiva.


El final de estas cuatro fases supone un vínculo afectivo sólido entre ambas partes que no necesita de un contacto físico ni de una búsqueda permanente por parte del niño ya que éste siente la seguridad de que su madre responderá en los momentos en los que la necesite.

Seguridad del apego a través de la situación extraña de Ainsworth

La situación extraña es considerada como la técnica más usada para analizar la calidad del apego entre la madre y su hijo en los dos primeros años de vida. Aunsworth y colaboradores partieron de la base de que un vínculo afectivo adecuado proporciona unos sentimientos de seguridad en el niño que se hacen muy obvios con la presencia de la madre. Esta seguridad hace que el bebé explore con mayor frecuencia el entorno y el medio que le rodea.

Estos investigadores diseñaron una situación de laboratorio en la que a lo largo de ocho episodios el niño “sufría” separaciones y encuentros con la madre y con una persona extraña para el bebé. En estos ocho episodios se identificaron tres tipos de apego (seguro, evitante y resistente) a los que se le ha añadido un cuarto (apego desorganizado/desorientado) por los estudios de Main y Solomon.


episodio Personas presentes duración Acontecimientos y procedimientos Conductas de apego activadas
1
Madre y niño
30 seg.
El experimentador introduce a la madre y el niño en la sala y se va
2
Madre y niño
3 min.
La madre se sienta mientras el niño juega con los juguetes
La madre como “base segura”
3

Madre, niño y extraño
3 min.
El extraño entra, se sienta y habla con la madre Reacción ante un adulto no familiar. La madre como “centro de seguridad”
4
Extraño y niño
3 min. o menos
La madre se va de la sala. El extraño responde a las iniciativas del bebé y trata de calmarlo en el caso de que éste se enfade
Ansiedad de separación
5

Madre y niño
3 min. o más
La madre vuelve, saluda al niño y si es necesario le da confort y le consuela
Reacción ante el encuentro
6

Niño solo
3 min. o menos
La madre se va de la sala
Ansiedad de separación
7

Extraño y niño
3 min. o menos
El extraño entra a la sala e intenta consolar al niño
Capacidad del niño para ser calmado por un extraño
8

Madre y niño
3 min. La madre vuelve, si es necesario lo consuela y trata de que el niño vuelva a interesarse por los juguetes
Reacción ante el encuentro


TIPOS DE APEGO



Apego seguro

Estos niños se caracterizan porque pueden llorar o no, pero si lo hacen claramente es debido a la preferencia que tienen por la madre ante el extraño. Los niños con apego seguro buscan el contacto con la madre y reducen el lloro cuando ésta regresa a la sala. (1/3)


Apego evitante

El patrón que siguen estos niños se caracterizan porque no muestran enfado ni ansiedad cuando la madre se va de la sala, sino cuando se quedan solos. No se resisten al contacto físico con su madre, pero se acercan si ninguna prisa a saludarla y no les provoca ninguna reacción especial de alegría. (20%)

Apego resistente

Antes de que la madre abandone la sala, los niños que siguen este patrón buscan insistentemente la proximidad de su progenitora. Pero cuando regresa, los bebés se muestran enfadados, displicentes e incluso llegan a pegar y a esconderse de ella. Muchos de ellos siguen llorando y es bastante difícil consolarlos. (entre 10% y un 12%)

Apego desorganizado/desorientado

Este patrón de apego parece reflejar una gran inseguridad en su vínculo con la madre. Cuando la madre vuelve a la sala, los niños muestran conductas muy contradictorias que claramente indican una desorganización. La mayoría de estos niños no suelen mirar a su madre cuando les coge en brazos y mantienen una expresión facial atónita. Algunos lloran después de haberse calmado y se muestran fríos y distantes. (5%)





Factores que afectan al desarrollo del apego


Los estudios muestran que los bebés que poseen apego seguro suelen tener madres amables, receptivas que no molestan ni maltratan a sus hijos. Sin embargo, los niños inseguros son hijos de madres que carecen de todas o alguna de estas cualidades.

Hay cuatro grandes factores que inciden en la formación del apego:

Privación materna e institucionalización. Spitz observó que los niños institucionalizados que habían sido abandonados por sus madres entre el tercer mes y el primer año de vida mostraban una extrema sensibilidad a las infecciones así como un marcado retraso en el desarrollo. Estos niños se criaban en una especie de cubículos sin ningún tipo de estimulación y tenían una cuidadora para cada grupo de siete u ocho niños. En estas condiciones, los bebés solían manifestar un apego inseguro cuando interactuaban con las personas que les cuidaban.

Aquellos chavales que sufrían una separación maternal muy prolongada en la segunda mitad del primer año de vida mostraban un desorden depresivo muy severo denominado depresión anaclítica1. Al poco tiempo e llegara a la institución, los bebés empezaban a aislarse del entorno, perder peso, llora continuamente y sufrir insomnio. Si no recuperaban pronto a la madre o no se establecía una adecuada relación con una cuidadora, la depresión era prácticamente irreversible.
La realidad no se muestra tan pesimista. El daño es muy importante, pero no irreversible.

Calidad de la crianza. La teoría etológica manifiesta que los bebés criados en familias cuyos padres son insensibles a las demandas y necesidades del niño suelen desarrollar un apego inseguro. Un cuidado maternal extremadamente inadecuado puede suponer un potente predictor de desórdenes en el establecimiento del apego.

Características del niño. Existen estudios que relacionan los partos complicados, niños prematuros, enfermedades en los primeros meses e incluso el temperamento del niño con problemas en el establecimiento del vínculo afectivo. Los niños extremadamente difíciles suelen provocar ansiedad en la madre y esto hace que sea más complicado el establecimiento del lazo afectivo. Sin embargo, si los padres tienen recursos afectivos, sociales y cognitivos adecuados puede no haber excesivos problemas a la hora de desarrollar el apego.

El apego de los padres


Las relaciones afectivas pueden provocar confianza y seguridad o, por el contrario, sentimientos de inseguridad y ansiedad. Main y colaboradores se han interesado en analizar si las relaciones de apego que los padres tuvieron en la infancia tienen alguna influencia en el apego de los hijos.


Basándose en las declaraciones de los padres, nos encontramos con cuatro categorías que de manera somera describimos a continuación:

Autónomos. Padres que valoran y reconocen la influencia de las relaciones de apego, pero al mismo tiempo son capaces de hablar de ellas con objetividad.

Desentendidos. Desprecian la importancia de las relaciones de apego y tienden a idealizar a sus padres sin poder aportar ejemplos concretos para defender su postura.

Preocupados. Adultos muy emotivos que no pueden hablar con objetividad de sus experiencias tempranas de apego. Muy preocupados con el pasado.

Pendiente de resolución. Padres que todavía no han reconciliado sus pasadas relaciones de apego con el presente. En ocasiones, todavía están reconciliándose con la pérdida de sus propios padres y las vivencias relacionadas con ello.


Los estudios nos indican que estos tipos de apego en los adultos están estrechamente relacionados con el tipo de apego que establecen con sus hijos Crowell y Feldman, Fonagy y colaboradores, Main y Goldwyn. Las madres autónomas suelen tener hijos con apego seguro; las desentendidas tienden a tener hijos evasivos, con apego evitante; las preocupadas suelen criar a niños rebeldes quizá con un apego resistente y queda menos claro el paralelismo de aquellos padres clasificados como pendientes de resolución, quizá, porque pueda suponer una época transitoria para muchos adultos.


1 Aquella que se produce en el niño por la pérdida de la persona con la cual se establece el vínculo afectivo.5
 

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