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08/03/02 - Bienvenido Mister Extranjero!
"... Por
el revuelo que ha armado un trozo de tela, pudiese parecer que en este país no
estamos a la vanguardia del prêt a porter, con la diseñadores de prestigio que
tenemos por aquí y la de modelos que se contonean por medio mundo. Nada más
lejos de la realidad. Lo que pasa es que una cosa es lo que se viste por las
pasarelas más chics, esas que gozan de la presencia de excéntricos modistos, y
otra muy diferente lo que uno puede llevar cuando va por la calle.
Ningún padre que se precie debería dejar que sus hijos cayesen bajo la
influencia de esas túnicas y esos velos tercermundistas, que solo se visten en
países donde se perforan partes innombrables, se practican ablaciones de los
órganos genitales y se cometen aberraciones afines. Eso es incultura, y volver a
ese punto mostraría una clara recesión de nuestro esquema de valores..."
Esto que acabáis de leer podría ser el razonamiento de algunos de los que
últimamente han levantado la voz para atacar a una familia musulmana que no
consideraba legítimo que se obligase a una niña a renunciar a un símbolo
cultural aparentemente neutro. Si en la cultura del Islam las mujeres se
encuentran reconfortadas por el uso del hidjab, ¿quién somos nosotros para
impedirlo?. Partiendo de la base de que el nuestro es un país laico, y que
nuestra Constitución recoge el derecho a la libertad de culto, ¿que razones
podemos aludir para realizar una imposición de esta índole?
Aquellos que cada mañana cuando se levantan, después de cantar brazo en alto el
"Cara al Sol" y repetirse en voz alta aquello de "Santiago y cierra España",
consideran un agravio que un montón de "sucios moros, chinos, negros o sudacas"
vengan a esta noble patria a hacer lo que realmente les de la gana, no son el
objetivo de esta reflexión. Para analizar la situación actual nos centraremos en
otro tipo de gente, a mi entender más peligrosa: aquel ciudadano de a pié,
anónimo, demócrata y moderno (incluso puede que de izquierdas), que forma parte
del entramado social que le ha tocado vivir. Con una vida monótona y sencilla,
no desea grandes cambios, ya que el consumismo le ha dotado un carácter
conformista y carente de motivaciones no capitalistas.
Pues bien, si cogemos a un señor de este tipo "medio" y lo enfrentamos a la
realidad cotidiana que se nos avecina, percibimos que siente miedo. Lógico. Ve
tambalearse los cimientos de lo que hasta ahora ha sido su modus vivendi, y no
encuentra una solución a corto plazo que pueda paliar el supuesto declive. ¿Que
hay más irracional que el miedo?
No quiero ser demagogo y decir que no existe problema alguno, que la situación
actual tiene una solución sencilla o algo por el estilo. El proceso que ha
comenzado es uno de los más complejos que pueden darse en un sociedad moderna, y
puede acabar en conflictos fratricidas de incalculable crudeza. Nos enfrentamos
a la "Reconquista Cultural del Inmigrante", y eso, mal que nos pese, tiene más
fuerza que una ocupación por las armas.
Hoy que está tan de moda el concepto "Multiculturalidad" nos hemos de preguntar
si es eso lo que realmente necesitamos. Agrupar diferentes culturas en un mismo
ámbito geográfico no deja de ser un fenómeno artificial, promovido seguramente
por la coyuntura del momento, que nada aporta a los colectivos que se dan cita.
Si en un país tenemos cinco culturas diferentes y separadas, a fin de cuentas lo
que tenemos son 5 pequeños países dentro de otro mayor. No podemos esperar
defender numantinamente nuestra pequeña porción de tierra ofreciendo al foráneo
otra distinta, siempre de peor condición y menos rica. En sociedad no valen las
limosnas, y menos aún en la sociedad globalizada que se está forjando.
Deberíamos adoptar una postura más amable y conciliadora, dejando a un lado esos
nacionalismos excluyentes que tanto daño hacen a todas las partes. Pero también
más critica. Tenemos el deber de afrontar los nuevos retos con una mayor
implicación personal, exigiendo a nuestro Gobierno medidas en la línea de las
necesidades.
¿Como podríamos paliar el miedo de los autóctonos? Una forma sería establecer
los mecanismos necesarios para limitar la llegada de nuevos extranjeros. La vía
represivo-policial no parece estar dando resultados demasiado esperanzadores, ya
que el aluvión de entradas requiere un despliegue de seguridad desorbitante. Así
pues solo nos queda la vía de la información, es decir, exponer claramente a
todos los inmigrantes en potencia las situación real que se sufre hoy en nuestro
país. Sólo con campañas de sensibilización en los países emisores podremos
controlar el flujo migratorio.
En el norte de África, Hispanoamérica (la inmigración latinoamericana no esté
tan mal vista, quizás por ser el precio de nuestro afán colonizador de antaño),
Europa del Este y Asia creen que aquí se atan los perros con longanizas. Se han
dejado deslumbrar por la falsa imagen de prosperidad que ofrecen los países
desarrollados y parten en busca de su "El Dorado" particular, tal y como ya lo
hicieron los europeos que colonizaron antaño tierras americanas. Creen ir a la
tierra de las oportunidades, donde se puede ganar el suficiente dinero como para
arrancar de la miseria a los suyos... pero cuando llegan se encuentran durmiendo
en calles y plazas, bajos unos cuantos plásticos y cartones, esperando que algún
empresario sin escrúpulos les explote por menos de 18 € al día.
Para aquellos que han olvidado que los españoles hemos sido emigrantes
recurrentes a lo largo de la Historia no me queda más que remitirles a las
anécdotas (miles) que cualquier persona que salió de nuestro país por la fuerza
les puede contar. No es nada agradable dejar toda tu vida para lanzarte a una
aventura en tierras extrañas, sometido a miradas desconfiadas y a cuchicheos por
la espalda...
Los recelos siguen creciendo entorno a aquellos que pagarán nuestras pensiones
el día de mañana, porque ¿no creerán los ultranacionalistas que con el índice
actual de natalidad podrá mantenerse mañana el equilibrio económico? Yo he de
ver como agradecemos a los ahora recién llegados el haber venido. Gracias a
ellos y su prolífica descendencia se podrán pagar las pensiones de jubilación de
las generaciones venideras, generaciones que serán todas españolas, por muy
oscura que sea la piel de sus tatarabuelos.
Y debemos abandonar el miedo a que nos colonicen: la "Reconquista Cultural del
Inmigrante" que he citado anteriormente tenderá a autoregularse con el tiempo.
¿Porqué? Muy sencillo: si una cosa tiene de malo el capitalismo es lo
asquerosamente atractivo que resulta. Muchos de los que hoy están en las
antípodas de nuestros quehaceres cotidianos, irán adoptando lentamente aquellos
aspectos de nuestra cultura que les parezcan más interesantes, conformando así
un carácter ecléctico que tenderá a la socialización inevitable. Probablemente
muchas de las túnicas se mudarán por tejanos, y los pañuelos se cambiarán por
gorras de béisbol. Los más ortodoxos intentarán mantener viva la tradición, pero
como el tiempo se encarga de demostrar, las tradiciones tienden a perderse, a
transformarse en anécdotas históricas, batallitas que contar a los nietos...
Globalicemos pues el sentimiento de justicia e igualdad, luchando por un
comercio justo con los países desfavorecidos, reclamando la cesión del 1% de
nuestro PIB al mal llamado "Tercer Mundo" en concepto de desagravio histórico, y
aceptando que la era de los nacionalismos herméticos ya está trasnochada,
debiéndose apostar por la fusión de las culturas y no de las economías.