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26/04/02 - El 23 de abril: el libro, la rosa y el Barça-Madrid
El
23 de abril es una fecha bastante significativa para los que tenemos la suerte
(o la desgracia) de vivir en Catalunya, aunque no sea festivo (...pobre Sant
Jordi, ¿es que matar a un dragón no tiene mérito?... ¡ya me gustaría a mí saber
de las proezas de los otros!... bueno... Job casi mató a los leones de
aburrimiento... ah... ¿tampoco es fiesta ese día?... ¿pero que se celebra en
este buen país?).
Además de estar obligado a felicitar a todos los Jordi o Jorge que conoces, en
ese día tienes el aliciente de ver los autobuses repletos hasta las senyeres que
ondean para la ocasión; de encontrar puestecitos de venta ambulante, con su mesa
de camping, su parasol de la playa y su cubito lleno de rosas, con niños y
mujeres sonrientes, que no dudan en refrotarte la mercancía por la ventanilla
cuando tienes la desgracia de pillar el semáforo en rojo; y de descubrir a los
quiosqueros reconvertidos en libreros improvisados, haciendo las veces de
guardia jurado y comercial oportunista... con un ojo en el mantelito barrado que
esconde un tablón suspendido por caballetes y el otro en los céntimos de euro
que se le escurren por entre los dedos tras cada venta.
Es de aquellos días en los que uno no se siente estúpidamente observado cuando
lleva en la mano una rosa, porque seguro que la gente no piensa al verte:
- Uy este... ya se ha peleado con la pareja... mira que cara de cordero
degollado que lleva... sí, sí... fijo que anoche la tuvieron gorda... no hace
falta más que ver su cara de culpabilidad... y pensará que con flores se arregla
todo... ¡ignorante!
Lo malo este día es olvidarte de la rosa. A ver, hay que ser muy despistado para
que se te pase, ...o tener mucha mala leche, una de dos. Los hay que, por
pasarse de graciosos, cuando llegan a casa se atan el celofán y la espiga a la
entrepierna, y le gritan a su mujer:
- ¡Cariño!... ¡este año nada de rosas!... ¡mira que capullo tan hermoso que te
he traído!
Y claro, la mujer, cabreada a más no poder, le lanza el Compact Disc que había
comprado con la esperanza de que el "frisbi" musical le seccione ese pequeño
cerebro pendular (¿CD?... ¿pero a los hombres no se les regala libros?... ¿pero
es que no leen nada que no sea el diario deportivo?).
Alejado de todo el romanticismo que pudiese tener antaño, este día ha quedado
como uno de los de "pasen por caja". Los comerciantes, más crueles que el
"Mercader de Venecia", se aprovechan de los sentimientos humanos obligándonos a
gastar unos cuantos euros en rosas altamente perecederas o en libros que nunca
serán leídos. Y como está mal visto ser rácano y escatimar en el regalo, pues tú
vas a comprar siempre lo más exagerado que haya:
- No, no... no me dé esa rosa tan pocha... ¿no tiene tres docenitas de las
lustrosas en un cestito?¿o adornando alguna figura de alabastro?¿en cristal de
Bohemia no han sacado nada este año?... vaya... pues ella va a pensar que no la
quiero lo suficiente...
A todo eso el florista que te viene chinchando:
- Pues yo conozco a una pareja que rompieron el año pasado por este tema...
claro... ¡como no quiso hacerme caso!... ¡yo soy un profesional!... ¿entiende
usted acaso de mujeres?
Y claro, como uno no entiende al género femenino y siempre tiende a equivocarse,
pues se deja llevar:
- Pues no sé... usted mismo... ¿cuál me llevo?
Resultado: apareces por casa con el Real Jardín Botánico en brazos.
Una cosa queda clara: el volumen del regalo es directamente proporcional al
sentimiento de culpa del hombre... ¿o no?... ¡Pues claro que sí!... a ver...
¿quién no le debe alguna disculpa a su pareja para ese día? Por el mero hecho de
ser hombres estamos expuestos a una serie de extraños influjos que nos mueven a
cometer errores. Como uno es hombre las 24 horas del día, por supuesto, la
probabilidad de cometer errores aumenta exponencialmente a cada minuto. El
resultado es que el 23 de abril todos los catalanes tenemos la necesidad
imperiosa de ser perdonados, porque aunque hasta la fecha no hayamos cometido
ningún "craso error", seguro que no tardaremos mucho en hacerlo. Para este
segundo supuesto la rosa simboliza una especie de Bula Papal, con la que nos
salvaguardamos de la próxima bronca, aunque no tiene necesariamente que
funcionar:
- Manolete,... guapetón... ya me contarás de donde vienes a las 4 de la mañana,
más cargao que el burro de Juan Valdés, con esas manchas de carmín en el cuello
de la camisa y con la maceta de geranios de la vecina del entresuelo bajo el
brazo...
- Cariño... hics!... ¿te gustan? hics!... pues es pa' tí... por Sant Jordi... y
esto del cuello no es lo que parece... hics!... te lo juro por tu madre, que en
gloria esté...
- Manolo, ¡pero si hoy es 26 de octubre!, y además...¡mi madre no está
muerta!... ¿tan borracho estás que ya no recuerdas que la ingresaste en una
residencia para la tercera edad?
- Ah sí... hics!... es verdad... hics!... ¡que el que se quedó en la gloria fui
yo!... je, je... hics!... cariñito...bueno... puede que me haya anticipado un
poco con el regalo,... hics! ...¿pero es que ya no te acuerdas del peaso ramo de
rosas que te regalé el Sant Jordi pasao?¿te vas a enfadar ahora por esta
tontería?... hics!
- Que ramo, Manolo, ¡pero de que ramo me hablas!... ¿no te referirás a aquella
rosa chuchurría envuelta en papel Albal y con más espigas que el campo donde se
cogen lo Kellogs?... ¡Tira pa' adentro que ya te apañaré yo!
Y digo yo, ¿que necesidad tenemos de comprar nada si hoy en día te lo regalan
todo? Tú vas al banco y te traes el libro y la rosita, o compras el periódico, o
vas a comprar los congelados... todo el mundo regala rosas y libros... ¿cómo no
va a afectar esto después a la deforestación del planeta? ¡La culpa de la tala
masiva en el Amazonas es nuestra! Como dijo el Teniente Colombo "la cultura
mata"... claro está, después de descubrir que el asesino había utilizado una
librería con las obras completas de John Grisham para acabar con la vida de su
víctima.
Para los que han leído en el título lo del Barça-Madrid, pues eso, que este año
ha coincidido el cotarro. En sí no voy a hablar de nada del partido, esto ha
sido solo una estratagema para que aquellos a los que la cultura y el
romanticismo les importa un pimiento tuviesen que tragarse toda la parrafada:
- Hala chicos, ya habéis cubierto vuestro cupo de lectura anual (...no, leer los
vales de descuento de la pizza no cuenta...). El libro que os han regalado va de
perlas para calzar el mueble del recibidor o para pillar polvo en aquella
estantería en la que no sabéis que poner... Portaros mal todo este año, y con un
poco de suerte, la próxima vez no tendréis que soportar que nadie os regale un
libro... y además os ahorraréis la pasta del floripondio.